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Eddie Palmieri estuvo en Medellín con su “potencia concentrada”

La orquesta tocó los nuevos arreglos de Vámonos pal monte y Pa la ocha tambo.

Autor: Notimúsica/martes, 6 de octubre de 2015/Categorías: Notimúsica

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Continuando con la celebración del 19 Festival Internacional de Jazz & Músicas del Mundo, el puertorriqueño se presentó el pasado sábado con su Salsa Orquesta en el Gran Salón de Plaza Mayor.

Eddie Palmieri, quien a sus 78 años sigue estando vigente y activo dentro de la música latina, compartió sus experiencias.

- ¿Qué le puede contar a sus seguidores sobre el trabajo discográfico que está grabando?

Se llama Mi luz mayor y lo estoy haciendo como un homenaje a mi esposa que murió hace dos años. Entre ellos está un tema que grabó en los años 50 el gran Tito Rodríguez, llamado Abarriba cumbiaremos, es un tema dedicado a Colombia, y que para el disco lo va a cantar Herman Olivera. Todo el disco es una grabación tipo "big band" donde participan Gilberto Santa Rosa, Carlos Santana, entre otros. Espero tenerlo listo para febrero del año entrante.

- ¿Cómo fue la experiencia de haber tocado con Karl Perazzo, timbalero de Carlos Santana?

Es un tremendo percusionista y tremenda persona. Ver la forma como trabajaba en el estudio y como se la llevaba profesionalmente con los ingenieros fue una lección aprendida. Carlos Santana le tiene un gran respeto. Llevan trabajando juntos por más de 20 años.

- ¿Hábleme de su banda, quiénes lo acompañan?

Viene la voz del Caribe, Herman Olivera, Luques Curtis en el bajo, el timbalero Camilo Molina, Nicky Marrero en el Bongo & Timbaretos, Jimmy Bosch y Joseph Patrick Fiedler en el Trombón, el saxofonista Louis Founché y el trompetista Jonathan Powell. Es una "potencia concentrada" (risas).

- ¿En qué se inspira para componer?

La pobreza, un problema mundial que me afecta espiritualmente. Por eso grabo temas como Vámonos pal monte. Si viene la depresión vámonos pal monte que ahí sí podemos "guarachar".

- ¿Qué piensa de la música que escuchan hoy los jóvenes?

Un desastre climático y un desastre armónico. Porque no están escuchando la música afro caribeña, que viene de la madre rumba, donde nace el guaguancó, la guaracha, el mambo y el chachachá.

- ¿Hace unos años había decidido retirarse, por qué siguió tocando?

Hace 20 años me tocaba dar 22 conciertos, en 30 días, en once países. Eso no es fácil; eran de trece a 27 horas para viajar a Japón, a Australia y a Rusia. Ese tipo de presentaciones no las estoy haciendo. Ahora tengo tiempo de seguir estudiando el piano para hacer presentaciones con orquestas sinfónicas; un sueño que tengo desde hace muchos años de tocar música clásica.

Palmieri hizo varias confesiones sobre su vida, una de ellas la tristeza que le causa que su hermano Charlie nunca hubiera sido reconocido con el Grammy.

“Los premios que he recibido a lo largo de mi carrera tienen un profundo significado para mí pero también representan una tristeza que llevo. Tuvimos que esperar 17 años para estar en un categoría. Y mi gran tristeza es que mi hermano Charlie Palmieri nunca tuvo la oportunidad de ganar uno”, expresó Palmieri, quien comentó que su primer gramófono dorado lo recibió de manos de otro virtuoso del piano que pasó por Ajazzgo el año pasado: Chick Corea.

Reconoció la gran admiración que siente por su hermano Charlie: “Fue un genio, un pianista de verdad, yo solo soy un tocador de piano”.

Y confesó que cada premio “es una manera de demostrar a los estudiantes todo lo que pueden lograr. Mi mejor consejo para ellos es apostar por la preparación musical porque entre más preparación y cuando llegue la oportunidad, habrá éxito”.

Con gran humildad, ‘El maestro de maestros’ contó que fue gracias a la persuasión y la sabiduría de su madre que tanto él como su hermano terminaron tocando el piano.

“Mi madre fue quien propuso que los dos tocáramos piano, pero a los 13 años yo tocaba el timbal junto a mi tío. Ella en su sabiduría me compró una caja de metal para llevar el timbal y cuando llegaba mi tío a recogerme para ir a una presentación, yo no podía ni cargar la caja. Hasta que ella me dijo ‘Edward, tú no ves qué lindo se vé tu hermano Charlie cuando va a trabajar y no tiene que cargar nada?’. Duré dos años en ese plan y le regalé los timbales a mi tío”.

Igualmente contó que Bob Vianco, su maestro, “me salvó la vida. Con él conocí a un genio que me llevó a las armonías del jazz. A su lado aprendí las tensiones y las resistencias de un clímax musical”.

Por eso, con una vida dedicada a la música, sigue imbatible y para marzo de 2016 anuncia una nueva producción musical que tendrá la participación de Gilberto Santarosa y Carlos Santana.

Nunca un músico, que hiciera parte del Boom setentero de la salsa neoyorquina, experimentó tanto con los ritmos afrocaribeños y expandió sus fronteras de la forma en que lo hizo Eddie Palmieri. Su vocación por ir en contra de la corriente le valió que tuviera que hacer la mayor parte de su trabajo sin el respaldo del gigante Fania Records y mediante sellos disqueros independientes.

Tal vez por eso a Palmieri le llaman “el molestoso”. El periodista venezolano César Miguel Rondón describe al pianista nacido en 1936 en Nueva York, en su “Libro de la Salsa” (1979), como un científico loco que se encerró en su laboratorio a explorar las posibilidades del ritmo, mientras la Fania debía ir de concierto en concierto.

No es de extrañar, por ejemplo, que si Rubén Blades y Willie Colón revolucionaban el género con Siembra (1979), un disco cargado de mensaje social y político para los latinoamericanos, Palmieri ya hacía eso desde 1971 y en relativa sombra, con temas como Revolt/La Libertad Lógico, hoy día una joya musical valorada por los amantes de la salsa.

Palmieri se presentó en Medellín, más exactamente en Plaza Mayor, el sábado 3 de octubre. Acompañado de un dream team que dejó un muy buen sabor en la audiencia

¿Cómo inició y quién fue su maestro en la música?

“Mi inicio se lo debo a mi hermano Charlie Palmieri. Era nueve años mayor y era mi influencia, la persona que me recomendó a orquestas como las de Vicentico Valdés y Tito Rodríguez. Fuera de ser un genio en el piano fue mi guía en la música. Desde los 13 años empecé a tocar, como timbalero, en la orquesta de mi tío: El Chino y su Alma Tropical. Otro tío tocaba congas, y allí estuve dos años. Mi hermano sabía que yo quería tocar el piano, y me empezó a recomendar para otras orquestas. Entonces fue él mi apoyo máximo y fui afortunado por su ayuda. De allí grabé con Tito Rodríguez “Live at the Palladium”, en el 59. Ese soy yo. Para finales de 1961 formé mi orquesta La Perfecta. Ahí llegan Barry Rogers y José Rodríguez, dos trombones de máximo nivel. Después estaba Manny Oquendo, Sammy López, David Pérez, Ismael Quintana, George Castro y yo en el piano”.

¿Por qué el jazz y la salsa son ritmos que se pueden mezclar de forma perfecta?

“Los patrones rítmicos que llegan al Caribe desde África y que son interpretados por los mulatos, ponen al mundo a bailar. Después, también de los africanos, llegan las armonías del Jazz, que se interpretan con sabiduría. Cuando se mezclan estos dos géneros, que tienen raíces africanas, se obtiene algo único, pero eso requiere mucha dedicación y disposición para aprender. En todo caso, su origen es similar y de allí el buen resultado al mezclarlos”.

Historiadores y coleccionistas de la salsa lo describen a usted cómo el científico del Boom, dado que fue tal vez el que más exploró en Nueva York sus límites y posibilidades ¿usted concuerda?

“Aprecio lo que dicen de mí, pero soy ante todo un estudiante. Uno que sigue buscando echar nuestra música pa’ lante. He tenido tremendos maestros, y eso me ha ayudado mucho para que cada disco que yo produzca sea concebido como una obra de arte. Eso es lo que yo quiero hacer siempre. Ahora estoy grabando un LP dedicado a mi esposa, que falleció, titulado ‘Mi luz mayor’. Tiene la colaboración de Gilberto Santa Rosa y Herman Olivera ‘la voz del Caribe’ como vocalistas, y está Carlos Santana participando en números como ‘Mi congo que toca Rock’. Ese trabajo viene en febrero y con potencia concentrada (risas)”.

Hablemos de algunos de sus discos más exitosos: El primero que queremos mencionar es Superimposition (1970), ¿cuál fue su objetivo musical con este álbum y con qué músicos contaba?

“Usted mencionó un LP que fue muy importante en mi carrera. En 1969 se rompió La Perfecta y allí llega nueva gente a conformar mi orquesta. Entre ellos estaba el reconocido timbalero Nicky Marrero, quien para ese entonces acababa de salir de la orquesta de Willie Colón. Nicky se encarga de traerme músicos nuevos, que yo no conocía: Andy González, el bajista que luego tocó con el Conjunto Libre. El tresista Nelson González, que después iba a conformar el Grupo Folklorico y Experimental Nuevayorquino. Tampoco conocía al conguero Eladio Pérez y al percusionista Tommy ‘Choki’ López. Todos eran la juventud de ese tiempo y así se puso en marcha ese proyecto, con el objetivo de seguir innovando”.

De ese trabajo llama la atención el tema “Pa’ Huele”, ¿se podría ver hoy día como un apoyo a la legalización de la marihuana?

“No tenemos que ir hacia allá (risas). Arsenio Rodríguez escribió el tema ‘Dame un cachito pa’ huele’ en 1946. Lo propuso entonces con un doble sentido, refiriéndose a que quería, en el papel, plasmar el placer que se siente al oler el fogón con la comida cocinándose, para luego comer. En todo caso, la marihuana no le cae mal a nadie (risas). Eso es algo natural y Dios sabe lo que mandó a la tierra”.

Siguió Vamonos Pa’l monte, en 1971, tal vez su disco más comercial. ¿Es una inmersión a la selva? ¿Cómo lo planteó usted?

“Es un disco fundamentalmente político. El monte es asociado a la pobreza, algo que es asociado a muchos más problemas, como el crimen. Y ese trabajo es un llamado a abordar esa condición. También, a reconocer la realidad que nos golpea a los latinoamericanos. El éxito que tuvo en Colombia fue impresionante. Ahora lo hemos vuelto a sacar en nuestro trabajo nuevo, lo vamos a tocar en Medellín y la diferencia es que cuenta con cinco saxofones, cuatro trombones y cuatro trompetas. Lo canta Herman Olivera y va acompañado por otros clásicos como ‘Pa’ la Ocha Tambo’”.

De ese trabajo resalta “Revolt/La Libertad Lógico”. ¿Es precisamente una protesta por las condiciones de los latinos en NY?

“Sí. Una descripción de los problemas que se vivían por entonces en las calles del barrio. Había mucha tensión. Yo escribí ese tema después de conversar con un periodista venezolano, Francisco Luna, en Caracas. Yo pregunté ¿cuál será el heredero de Justicia? (canción y LP de 1969), y él respondió:

-La libertad, lógico”.

Siguió el Live at Sing Sing (1972), ¿qué lo motivo a ir a presentarse en concierto a una de las cárceles más antiguas de E.U?

“Lo hice en diferentes prisiones. Pero este concierto lo grabé porque era especial. Un amigo que componía las letras para Harlem River Drive estaba allí, y por eso le organizamos ese evento. Lo paradójico fue que cuando tocamos allá, a él lo habían transferido a otra cárcel. Nunca lo pudimos ver, pero hicimos una denuncia para pedir trato digno a los prisioneros en el país”.

En 1973 saca Sentido, uno de los trabajos centrales en su carrera, con su tema bandera “Adoración”, que inicia con una melodía en piano que usted repite mucho en otros trabajos o para conciertos, ¿por qué es tan importante para usted?

“La melodía de ‘Adoración’ es preciosa, y al que no le guste eso, opino que no debería escuchar música más en su vida, por no decir que se debería ahorcar (risas). Es una composición muy bonita, que va acompañada por otros temas como ‘Puerto Rico’. Ahí Ismael Quintana entra de lleno con la Fania y se va de la orquesta. También el trabajo tiene protesta, con ‘Condiciones que Existen’, ya que denuncia que la realidad ‘no nos deja guarachar’ a los latinos”.

De allí viene tal vez su época más exitosa, con El Sol de la Música Latina (1974) y Unfinished Masterpiece (1975), ambos ganadores de Grammy. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con semejantes Big Bands, coordinar hasta 30 músicos para producir distintos temas?

“Era una experiencia increíble como músico. Aprendí mucho de esos trabajos. Pero he de decir que tuve muchos problemas con la disquera (Coco Records) para el segundo disco, porque nunca lo pude terminar. Les había advertido que si sacaban el LP sin finalizar, dejaba de trabajar con ellos. No me creyeron y yo me encerré en mi casa durante tres años, lo que llevó a la compañía a la bancarrota.

Ese LP se debía haber llamado Kinkamache, como la canción. Lo sacaron sin mi permiso y más nunca grabé con ellos.

Por último en este repaso, llegamos a 1981, al disco blanco “Eddie Palmieri”, donde vuelve a los trombones en toda su fuerza. ¿Qué nos puede contar de este trabajo?

“Ese LP es único. Ahí trabajó conmigo el maestro colombiano Francisco Zumaqué, y además conté con una sección de vientos brutal: Con un trompetista que valía por cuatro como el panameño Víctor Paz, y un trombonista como Barry Rodgers. A esos dos nunca los podrán igualar. Más aún, Cheo Feliciano, mi cantante favorito, entró a cantar en el disco, y volvió Ismael Quintana”.

Sin duda nos gozamos en Medellín un concierto con "Potencia concentrada"

Créditos: Gabriela Ranowsky González El Mundo - Daniel Armirola El Colombiano 

 

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