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La Troja, el templo salsero de Colombia

Comenzó como un pequeño negocio de fritos en Barranquilla y cumple 50 años.

Autor: Afronautas/domingo, 28 de febrero de 2016/Categorías: Notimúsica

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4.5
Por: ESTEWIL QUESADA FERNÁNDEZ

A las 10:59 de la noche del pasado viernes 12 de febrero, la esquina sur-oriental de la calle 74 con carrera 44 no parecía de Barranquilla. El reporte telefónico de un cuarto de hora antes, desde lugares de goce como la carrera 8 y el barrio Simón Bolívar, y lo observado por este cronista sobre la calle 82, daban como resultado lo evidente: todo está ‘muerto’, producto del fin de semana menos rumbero en el año –descontando Semana Santa– en la capital del Atlántico: el que sigue al festejo del tradicional carnaval.

Y no parece, porque aquí hay vida…

Una joven y espigada rubia de aspecto europeo baila con un mulato sobre el costado de la carrera 44 y cada paso suyo es seguido por decenas de miradas... A pocos metros, en el mismo lado, un hombre entrado en años, con camiseta negra –que en la parte delantera tiene estampado el rostro del músico puertorriqueño Willy Colón–, también danza, pero sin pareja, y sigue los acordes de la música tocando con finura un instrumento: la campana. Es ‘Tico Salsa’, el reconocido bailarín barranquillero.

Mesa a mesa, sin dejar de mover piernas, caderas y hombros, al son musical, una menuda mujer ofrece maní salado a la venta, mientras un hombre negro y musculoso deja sobre un muro la chaza colgante en que vende cigarrillos y se lanza al ruedo para ofrecer un solo de baile con el tema que suena: 'Descarga caliente', en la voz del panameño Rubén Blades.

Estamos en La Troja, el estadero de salsa insigne de Colombia, donde cada día de un fin de semana llegan hasta 900 personas, sin incluir las que se ubican tanto en la calle como en la carrera y establecimientos vecinos (‘gorreando’ música), pues entonces la cifra podría elevarse hasta 5.000. Allí, el paso vehicular se interrumpe en una final del Junior, en un juego de la selección Colombia, en precarnaval y en el mismo carnaval. O en cualquier día.

Este lugar de encuentro del pueblo barranquillero, considerado patrimonio cultural de la ciudad, es el sitio de goce que entra en la recta final de su festejo de aniversario pues está cumpliendo sus primeros 50 años de existencia.

Nace de un kiosco

Pero La Troja no nació allí, en la carrera 44 número 72-263, en la parte norte del viejo estadio Romelio Martínez, sino en el extremo sur del escenario futbolero en que el Junior forjó gran parte de su historia: en la carrera 46 entre calles 70 y 72, frente al parque Surí Salcedo (allá estuvo hasta el primero de julio de 1996). Tampoco se conoció con ese nombre ni fue un sitio de música salsa.

Comenzó como un bohío, de madera y techo de paja, para jóvenes hijos de la burguesía de la ciudad, en el antejardín de un solar donde funcionaba, en la parte trasera, el Taller de Mecánica Córdoba, y en el costado norte, una llantería. Ellos, los jóvenes, contrataron a un mesero del Country Club, llamado Jorge López, y le entregaron el lugar a cambio de atenderlos. Allí armaban sus rumbas.

Pasarían uno o dos meses, cuando López se encontró una tarde con una conocida, de Córdoba como él, Zunilda Velásquez de Madera, vecina del barrio Boston, que vendía almuerzos en las construcciones aledañas. Y la convenció de dejarle el negocio. Corría marzo o abril de 1966. “López era un moreno alto, elegante, buena vida, que lucía zapatos de charol y siempre estaba acompañado por una dama. Yo lo vi muchas veces… Nunca supe por cuánto compró Zuni, pero sé que le pagó por cuotas”, dice Edwin Madera.

Es el mayor de los tres hijos de la señora Zunilda. A la edad de 10 años, Edwin llegó de Córdoba, el 15 de enero de 1967, recuerda para ayudar a su madre en el bohío, entonces una modesta venta de agua de panela, fritos, chicha, jugos y avena. Al poco tiempo, la clientela pidió almuerzos y los domingos, cervezas, mientras escuchaban en radio el partido, local o visitante, del Junior, en la voz de Édgar Perea, que narraba por Riomar. ABC y Riomar, emisoras de Todelar, quedaban en la esquina de la calle 70 con 46. Cliente fijo era el narrador deportivo Antonio Borja Suárez, ‘El Monarca’, quien bautizó el negocio como ‘El kiosquito ABC’.

El salto a la música se produjo entre 1968 y 1969, por un argentino, que llevó su vehículo al Taller de Mecánica Córdoba para repararlo y todos los días pedía fiado en el kiosco. El arreglo se prolongó, la deuda se elevó y como pago, dejó una maleta, que era un tocadiscos portátil, con sus dos bafles. Se empezaron a escuchar rancheras, vallenato y salsa…

Cinco años más tarde, Zunilda le dijo a su Edwin que compraran un equipo de sonido; el hijo recuerda que era de cuatro tubos. Imperaba la música vallenata, en medio de la bonanza de la marihuana, que llevaba al local a muchos guajiros. Había 250 bancos de madera. Pero, para evitar los problemas que provocaban los guajiros, que a veces llegaban a actos de violencia, Madera prefirió hacer de lado el vallenato.

Tras la muerte de su madre, el 7 de agosto de 1981, Madera hizo el giro. Ese fin de semana no abrió. En días posteriores seleccionó 33 LP y descartó todo lo demás. El viernes 14 agosto se lanzó como estadero de música salsa y, para aprender de ese género, fue todos los días, a cualquiera hora y durante tres años, a El Taboga, estadero especializado ubicado en El Centro.

“Recordé –dice Madera– que cuando llegué al negocio, al pie de un árbol de roble, en el paso peatonal, frente al bohío, marcado al parecer con un clavo sobre el pavimento, decía: ‘La Troja, 26 de febrero de 1966’. Entonces mandé a fabricar el letrero con el nombre y un eslogan: ‘La Troja, el mejor ambiente salsero’”. En la Barranquilla de los primeros 70 años del siglo pasado, en el cemento del piso se escribía la fecha de finalización de la obra. Madera sostiene que el bohío como tal surgió para precarnaval.

Pero el 26 de febrero de 1966 no fue la antesala a la fiesta, que ese año tuvo como reina a Josefina Martínez Armenta, sino el sábado siguiente a la Batalla de Flores. Es decir: también, como en nuestra visita del pasado 12 de febrero, fue en el fin de semana tras el carnaval.

Lugar de reencuentro

En un viernes de reposo como este poscarnaval, cuando la ciudad duerme tranquila y muchos sitios rumberos no abren o cierran antes de medianoche por la escasez de clientes, en La Troja no están las 900 personas que llegan de manera habitual y que son atendidas por 62 empleados, sino unas 250 que atienden 45 personas (Madera después diría que se vendieron 1.050 cervezas, el 15 por ciento de lo usual). En un momento, la música que sale del potente equipo de sonido deja de sonar para darle cabida a un locutor. Anuncia a ‘El rey del timbal’, quien dice llamarse Timbalón Cepeda y hace una corta demostración de sus habilidades.

El público aplaude… Y sigue la música, programada entre los 14 mil acetatos y 2.000 discos digitales por los DJ ‘Mao’ Meléndez y Nelson García. “El tema que más piden es Vengo sabroso, del Conjunto Libre, que puede escucharse hasta tres veces en un día”, dice Meléndez. “Las agrupaciones más solicitadas son Héctor Lavoe y Ricardo Ray”, apunta García. Edwin Madera lamenta no haber recuperado el tema El Colombianito, del Combo Duque Palomino, uno de los 3.000 acetatos (además de 700 CD) que se perdieron en el pavoroso incendio de la madrugada del lunes 22 de octubre de 2001.

Yasiris Constante, una barranquillera acompañada de cuatro personas, reconoce que llegó porque así se lo exigió una prima, Leyla Obredor, radicada en Patterson, Nueva Jersey (Estados Unidos). Obredor, que vino a gozar el carnaval, quiso despedirse de sus amistades cercanas en La Troja y bailó sin cansancio hasta la madrugada.

Esa es una tesis de Madera: a La Troja llegan más personas de fuera de Barranquilla que los propios nativos de la ciudad, excluyendo a aquellos que acompañan al visitante o que también vienen del exterior.

El lugar tiene una sucursal en la carrera 8 (otro sitio de rumba en la ciudad), pero debió cerrar en diciembre pasado por problemas ajenos la sucursal VIP de la calle 79. Su fama trasciende fronteras y los músicos salseros piden ser llevados hasta allí, cuando visitan a Barranquilla. El primero fue Cheo Feliciano, en 1985, quien metió sus manos en el enfriador y sacó una cerveza con ‘coquita’ de hielo. Luego, haciendo las veces de mesero, se la sirvió a un cliente…

El desfile es interminable: los últimos, durante el carnaval, fueron Johnny Bravo López y José Alberto ‘El Canario’.

La Troja se amplió en los últimos años, tanto por la calle 74, donde queda la sala Jairo Paba (locutor fallecido que llegó cuando era Kiosquito ABC, porque trabaja en Todelar), como por la 44, donde se habilitó la sala Joe Arroyo, que hasta mediados del año pasado quedaba en el segundo piso; hoy, bodega que en carnaval sirvió de depósito de cuatro camiones de cervezas. “Al barranquillero no le gusta el encierro”, sostiene Madera para explicar la razón del cambio.

“Este es un espacio de reencuentro constante con lo nuestro. Más que un sitio de diversión, es una esquina que habla del imaginario del barranquillero. Es un bailadero único e importante si se quiere tener un conocimiento juicioso de nuestra música tropical y caribeña, en especial la salsa. Aquí no existen clases sociales ni impedimentos para el relax, y no relajo”, afirma Jorge Peñaloza, profesor universitario, para definir el lugar.

No hay clases sociales, pues en su primer mandato tanto el alcalde Alejandro Char como el gobernador Eduardo Verano programaron los talleres musicales ‘El Goce de lo nuestro’ (música del Caribe colombiano) en precarnaval, como también lo hizo el pasado 27 de diciembre la alcaldesa saliente Elsa Noguera. En este lugar baila desde un obrero hasta la reina del carnaval.

A las 3:34 de la madrugada del sábado 13 de febrero se escucha un breve segmento de La rumba se acabó. Todavía hay unas 200 personas en esta esquina que no parece de Barranquilla en el fin de semana siguiente al carnaval… Algunos salseros protestan y argumentan que aún no es hora de cierre (4:00 a. m.). Entonces se escucha la voz de un cliente que dice: “No hay problema: mañana regresamos a La Troja”.

Super megaconcierto salsero

La celebración de los 50 años fue ayer, con lo que Edwin Madera bautizó ‘Super megaconcierto salsero del año’, desde la una de la tarde, organizado por La Troja Organización Musical, como se llama realmente el estadero en la actualidad.

Los artista que actuaron son: Herman Olivera, ‘el sonero del siglo XXI’, traído desde Nueva York; el puertorriqueño Odilio González; Lokassa Ya M´Bongo, ‘la leyenda viviente de la música africana’, del Congo; Javier Vásquez, por Colombia, y como invitado especial de Puerto Rico, Sammy González.

Y apoyando con lo nuestro: La Bandola Latin Music, Yilmar Zilguero y su grupo y La Banda de Machacón.

El despliegue fue tal que hubo seis maestros de ceremonia.

ESTEWIL QUESADA FERÁNDEZ

Redactor de EL TIEMPO

@EstewilQ

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