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Medellín confirmó que las leyendas de la salsa siguen más vivas que nunca

Por: Martín Gómez para Salserísimo Perú

Autor: Afronautas/domingo, 15 de mayo de 2016/Categorías: Notimúsica

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Por: Martín Gómez para Salserísimo Perú

Doña Rosalba Pérez no lo pensó dos veces. A sus 78 años de edad, viajó de Bogotá a Medellín para bailar con la Dicupé y la Narváez. No desmerece a las otras orquestas, pero afirma que esas son las que me le gustaron. Su nieto, Diego Barbery, de 26 años, la incluyó, feliz, en la aventura. Y cómo no darle ese gusto, si su querida abuela amanece y anochece escuchando salsa en su barrio Casalinda del Tunal, en la capital colombiana. Ellos llegaron a Medellín con alrededor de quince amigos, todos muy salseros y coleccionistas de Lps. Sí, de aquellos que tienen un romance con el vinilo y que sienten la música como alimento indispensable para poder vivir.

Quizás, con ese mismo afán, llegaron las 9 mil personas que abarrotaron el centro de convenciones La Macarena. Un mes después, el orgullo salsero de los paisas se ha multiplicado a la ene potencia. Quien asistió es consciente que hace mucho no se vivía una descarga de emociones como la noche del 16 de abril. Quien no asistió seguramente ya ha escuchado decenas de versiones de lo que aconteció aquel día. Y la exageración, con seguridad, no ha logrado expresar con matemática exactitud lo que realmente pasó.

Ocurrió hace casi un mes, sí. Edgar Berrío, el empresario, en la antesala, lo supervisó todo para que nada falle. Aunque el margen de error siempre es una amenaza. Antes del toque de las orquestas, un exquisito encuentro de melómanos colocó al vinilo en un sitial de honor. Alguien programó a la Sonora de Lucho Macedo con su ‘Guaguancó pa’ borinquen’ y fue inevitable no sentir un especial orgullo. Oscar Pérez, quien también viajó desde Lima, me levantó la mano como diciéndome: “escucha, Martín”. Es que en Colombia, el repertorio de Macedo se mantiene vivo. Y doña Rosalba llegó temprano a La Macarena. Y el presagio de emoción estuvo siempre presente.

Sonido 70, el crédito colombiano, abrió los fuegos minutos después de las 7 de la noche. Ellos son de Armenia, pero parecen hijos del Bronx neoyorquino de esa década maravillosa. Excitaron a la platea. No sé si Colombia está orgullosa de esta banda, pero debería. Con ellos, Frankie Dante se ha colado en La Macarena. Y no para cantar, pero sí para darse un abrazo musical con quienes lo recuerdan. Si los rumberos me preguntan qué es lo que tiene mi rumba / yo le contesto que tiene guaguancó. Viviana Álvarez, Katy Gonzáles y Jairo Luis García, animadores del show, conocen esto de sobra. Esa noche no repartieron salsa desde los micrófonos de LatinaStereo, esa noche estaban en la misma caldera del sabor. Y con ellos también Salsa con Estilo. La crema de la salsa.

Ray Pérez caminó lento pero advertimos el talento increíble en sus manos. Su piano lo es todo, pero se dio maña para cantar. Contó la historia de por qué mueren los valientes. Y luego dejó en el soneo a Germán Medina, su compatriota. Teo Hernández sobrio en los coros. Luego él tuvo la oportunidad de demostrar lo suyo. Sí, todo esto pasó hace casi un mes. Exactamente un 16 de abril del 2016. “Pal 23” fue otra locura, aunque muchos pidieron el clásico Feliz Cumpleaños. Ray Pérez se hizo esperar. Lo que sí me tocó el alma fue ‘Río Manzanares’. Mi madre es la única estrella que alumbra mi porvenir / y si se llegara a morir / al cielo me voy con ella. Así que déjenme pasar, que Colombia y Venezuela no merecen fronteras.

Mientras tanto, el júbilo se extiende dentro de los quince bogotanos liderados por doña Rosalba. Y cada dos minutos, fraternos, me repiten Chim Pum Callao. No hubo cerveza Pilsen, pero sí un aguardientico que evaporó la timidez. Oscar Pérez, en su zona, me guardó un sitio. Y se impuso el junte. Cantamos lo que propuso el exquisito Grupo Mango. Pero “Acéptalo” fue el banquete. Y hay que aceptar que una chica de Manrique Oriental se conoce todo el repertorio. En ese momento pensé en mudarme del Callao a este picante barrio paisa. Y ahora somos tres, cuatro y cinco los que coreamos la salsa de Mango.

Ocurrió lo mismo cuando salió la orquesta Dicupé. Sussy Sánchez, melómana, estuvo con su vida en la boca. ‘Bozo de Leche’ en su mundo, sin olvidar que el domingo tiene que vender su salpicón de frutas en el corazón de la ciudad. Dile a Monín que le quiero dar / un besito de alegría. Edil Dicupé, desde la trompeta, envía un saludo musical y se expresa emocionado. La platea masculina suspira con Desiree Dicupé. No era para menos. Lo de ‘Inferibious’ fue danza afrocubana con licencia neoyorquina. La voz la puso el colombiano Armando ‘Sonji’ Jiménez. ‘Me voy para siempre’ demoró en llegar. La Dicupé tuvo una idílica conexión con su gente. Al día siguiente, don Edil me preguntaría si sus canciones se conocen en el Callao. Le respondo que sueño con escuchar ‘Aguántate’ en la céntrica avenida Saenz Peña, del primer puerto peruano. Sonrió.

El plato de fondo llegó. Dewell Narváez tocó por primera vez en Colombia. Pienso en ese momento y en lo que ocurrió en los días siguientes: decenas de videos corriendo en Youtube y mostrándome lo que yo también viví. Sin duda, fue algo de lo más duro que he visto y escuchado en salsa. Y más allá del toque, resulta impactante cómo lo gozó el público. Lágrimas y abrazos. Gritos. Histeria colectiva que en lugar de compasión, solo buscó exteriorizar ese sentimiento que nace en la pureza del alma. En ese momento hasta olvidé del fantasma de Fujimori en Perú. ‘El amor de Puerto Rico’ lo consiguió todo. Fue principio y final.

La voz de Armando Vázquez, el legendario sonero de la banda, estuvo intacta. Todo eso emocionó más. Los trombones de Dewell Narváez y Joe de Jesús se adueñaron del recinto. Era dos y parecían diez metales de vara. La percusión fue infernal. José Mangual Jr. se sumó al despelote. Camarón que se duerme / se lo lleva la corriente. ‘Bozo de Leche’ no paraba de gozar. A doña Rosalba la perdí de vista. ‘El malo’, ‘Reencarnation’, ‘La Mafia’, ‘Negrita’ y ‘Obra del tiempo’. Una chica llora a mi lado y me dice que ‘Sabiduría’ le recuerda su adolescencia, cuando no la dejaban salir a la rumba y ella se escapaba de casa para bailar.

Hasta hoy no sé si Dewell Narváez esperaba una respuesta así. ¿Qué habrán sentido los músicos de ‘Son de Cuba’ cuando los invitaron a compartir con la Narváez? Renzo Padilla, a quien encontré días después en Cali, aún no salía de su asombro con lo ocurrido. Al cantante peruano le tocó demostrar su talento en ‘Vamos a gozar’, el hit que está pegado en toda Colombia. Y no negaré que nos dio mucho orgullo. Esa madrugada, después del concierto, subí un video al Facebook que titulé ‘Hasta el delirio’. Un mes después, me reafirmo. A doña Rosalba la vi al día siguiente, en el hotel de los artistas. Nos contó que desayunó Calentao Paisa. Me prometió visitar el Callao. Y no es un aviso, sino una advertencia.

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