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Cuco Valoy trae una serenata a Medellín

Por Daniel Armirola para El Colombiano

Autor: Afronautas/sábado, 12 de noviembre de 2016/Categorías: Notimúsica

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Por Daniel Armirola para El Colombiano

A diferencia de otros sonidos típicos dentro de la música latina, el de Cuco Valoy tiene elementos que le dan una fuerza de calle, y que popularizaron sus canciones con facilidad antes y después del año 79, para él fecha cumbre de su éxito en el Caribe.

Según el oriundo de Manoguayabo, República Dominicana, él no hizo más que replicar a su modo lo que sonaba en estos cálidos mares durante distintas décadas: Los Compadres de Cuba en los últimos años de Trujillo gobernando a sangre y fuego a su país (sesentas). La Fania y el “tumbao añejo” de su paisano Johnny Pacheco durante el boom de los setentas.

Atribuye gran parte de su éxito a “esa maravillosa Colombia, en la que inicialmente no sabía que tenía tanta difusión”. De este lado del Caribe sabemos, no obstante, que él solo forjó el secreto de su triunfo en el son y la salsa.

Eso se verá reflejado en conciertos como los de este sábado 12 de noviembre en Plaza Mayor, en la clausura del Medejazz en sus 20 años, donde se presenta junto a las otras leyendas de Los Virtuosos y otra orquesta de lujo como Son 14. EL COLOMBIANO tuvo la oportunidad de entrevistar a este sonero de siempre, previo a su presentación.

¿Cómo comienza en el mundo de la música afroantillana?


“Fui uno de los jóvenes dominicanos que se atrevió a meterse en ese lío. Porque de verdad que allí muy poca gente sabía cómo tocar lo que hoy se le llama salsa. El dúo Los Compadres de Cuba se oía en todas las clases sociales de la República Dominicana. Eran mis grandes ídolos. Con mi hermano Martín nos juntamos para seguir esa música y lograr interpretarla de la forma en que lo hacían Los Compadres. Tuvimos mucho éxito, pero llegó el momento de cambiar la cosa cuando durante los años 70, el boom de la salsa se adueñó de la situación. Yo solamente tuve que cambiar poniendo un par de congas, un piano y las trompetas a la orquestación. En mi país era extraño que un dominicano lograra interpretar esa música, y parece que fue un regalo divino, porque permanecimos mucho tiempo. Mi hijo Ramón Orlando tenía ya mucho conocimiento musical, porque yo lo puse a estudiar a los 14 años en el Conservatorio Nacional de Música, eso además de criarse al lado del papá, oyendo los ritmos caribeños. Él se convirtió en el gran líder de los arreglos”.

¿De dónde surge el nombre de Los Ahijados?

“Después de haber logrado imitar el sonido de Los Compadres, teníamos un lugar en donde ensayar, que era en la esquina de un parque. Y como hacíamos esa música tan parecida, se paralizaba el tránsito, nos rodeaba la gente. En el país había una estación de radio —que era de un hermano de Trujillo, se llamaba Petán Trujillo— que tenía un programa de aficionados, y alguien nos preguntó que por qué no íbamos al programa. Entonces fuimos el viernes, día de los ensayos, y la primera canción que tocamos decía ‘jardín hermoso, recuerdos del pasado’. La gente que dirigía el programa se enamoró. El domingo, día de la emisión en vivo, nos tocó nuestro turno y fuimos una sensación. El público no permitía que nos fuéramos, nos pedía que repitiéramos la canción. El señor que dirigía el programa dijo entonces: ‘si los cubanos tienen Los Compadres, por lo menos nosotros tenemos Los Ahijados’. Me agradó escuchar eso y de ahí quedó el nombre. Éramos una agrupación pequeña, pero todo lo que hacíamos era un éxito”.

Hablando de Los Compadres, grupo que lo influenció tanto, ¿cómo recibió la noticia de que después de décadas de aparente olvido, Compay Segundo volviera a primera plana en 1998 con el Buenavista Social Club?

“Con infinita alegría. Compay Segundo fue en esa época quien le hacía el dúo a Lorenzo Hierrezuelo. Luego, como siempre, que viene la desunión, sale Compay y entra Reinaldo, el hermano de Lorenzo. Pero qué gusto me da, porque Compay Segundo, siendo tremendo arreglista, compositor y un ejecutante extremadamente bueno, tenía su grupo propio, pero no con el gran éxito que tuvieron Los Compadres tras su salida. Fue para mí de tanta alegría saber que después de tantas décadas, un señor que tenía más de 90 años, logra encajar a nivel no solamente de nuestros pueblos, sino dentro de Europa entera y EE. UU, el sonido cubano”.

¿Cuál fue el primer éxito de Los Virtuosos?

“Ramón escribió una canción llamada Los soneros de ayer, que no fue el gran hit, pero sí inició el nuevo camino a seguir. En el país la canción quedó en el sentimiento del público. Pero luego llegaron los tiempos grandes, en el año 79. La agrupación estaba bien consolidada y empezó a grabar Juliana, Nació varón, Amor para mí, Se fue Daniel. Fueron temas que tienen todos un mensaje, una historia, eso nos dio mucho resultado”.

También llegaron después temas como Mendigo de amor, Cantando se fue, muy sonados en Colombia. ¿Qué nos puede decir de esas otras canciones?

“Llegamos en 1979 al país maravilloso de Colombia, concretamente a Cali. Estamos hospedados en un hotel llamado Petecuy. Llegamos a la 1 a.m. al aeropuerto, y nos sorprendió ver a los periodistas congregados allí para hacernos preguntas. Pero a las 7 a.m., ya en el hotel, recibo la primera llamada de una estación de radio donde había un locutor llamado Miguel Álvarez. Me despertaron con la canción Amor para mí. Pero no es como ahora, que una agrupación tiene una sola canción sonando y ya. Lo puedo decir por nombre: estaba Juliana, estaba El gordito de oro, Nació varón, Cantando se fue, y varias otras nuestras sonando a todo taco en las emisoras de radio. Era una competencia que hacían con nuestra música. Y ahí empecé a saber de la fuerza con que la música caribeña salía para el mundo entero. Ustedes son los responsables de ello, por eso a Cali también le dicen con razón ‘La sucursal del cielo’. Quedamos sembrados en el corazón de Cali y de ahí salimos disparados a toda Colombia, gracias a Dios”.

¿La historia de una composición como Juliana, que habla de desamor, está inspirada en una mujer que usted conoció?

“Uno siempre al comienzo, cuando está en la adolescencia, tiene una noviecita que posiblemente le marca el camino del sufrimiento. Son amores que difícilmente acaban con los años. Tuve una noviecita que la quise con locura, pero ella era muy traviesa y muy cornera (risas). Era en la época en que estaba en el país la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. Los militares eran dueños de República Dominicana. ¡Y cuidado con quien tuviera problemas con cualquier soldado raso! Ella se enamoró de un militar, y me dejó a mí. La quise con locura, no estaba en la onda de compositor, pero por lo mucho que sufrí por esa bendita mujer, empecé a escribir algunos versos. Si escuchan las canciones mías, van a encontrar que la mayoría están inspiradas en esa clase de relación: el desamor, el ‘amargamiento’, que le decimos los dominicanos.

Cuando fuimos por primera vez a grabar en el mismo estudio de la Fania en Nueva York, estábamos dos cantantes en la agrupación: Henry García y Cuco Valoy. Escogíamos cinco y cinco temas cada uno. Viendo la calidad que había en ese lugar, me entraron celos. Yo siempre grababa en República Dominicana, pero esa vez me dije ‘¿cómo voy a estar aquí sin grabar una canción?’ Estábamos grabando todas las bases de Henry y yo me fui al hotel pero no pude dormir esa noche. Lo primero que hice fue ponerme a buscar el nombre sonoro de una mujer, que no fue el de la novia que yo tuve. Y empecé con ‘Juliana qué mala eres’ y algunos versitos. Al otro día le dije a Ramón ‘te voy a tararear un corito que hice anoche para una canción’, y así empezamos tumbando el piano espontáneamente, algo increíble. Me respondió ‘déjame terminar con Henry y ya vemos si la grabamos’. Después, con ese grupo acoplado, que hasta con señas se entendía, la dirección magistral de Ramón, no se necesitó mucha cosa. Así se graba ese éxito. Y resulta que cuando estaba hecha, como a los dos, tres días, la secretaria del estudio de grabación me dice: ‘Valoy, ¡pero esa sí que es una canción!’. Era que estábamos en la época de la inmigración a EE. UU, y solo a los dos, tres años, me di cuenta de lo que había hecho”.

¿Por qué empiezan a utilizar el nombre La Tribu?

“Fuimos a Panamá, y andábamos con un empresario que fue el representante de Johnny Ventura. Teníamos un tema pegando allá, llamado No me empujes, que lo escribí inspirado en un altercado que vi contra un músico de raza negra durante la dictadura de Trujillo. Estando en el istmo, cuando estábamos tocando, alguien dijo ‘esa gente lo que parecen son unos salvajes de los que hay en África’, y yo lo escuché. Nos pidieron registrar nuestro nombre, y me llegó el nombre de La Tribu, que empezó a ser más popular que los mismos Virtuosos”.

Usted habla mucho de los tiempos de dictadura. ¿Lo marcó mucho esa época?

“A mí sí. Nací en el 37, en medio de ese régimen sanguinario, que cometía barbaridades. Crecí en una aldea donde no había más de 40 casas, pero que tenía sus líderes, que dirigían el caserío con un gran respeto. Trujillo abusaba de todos ellos, los perseguía, incluso a mi padre. Los detenían por hasta 10 días en cárceles inhumanas. Para detenerlos entraban a las casas, sin compasión si estaban las familias. A mi papá le pasó lo mismo y eso me marcó los sentimientos. Yo siempre fui opuesto a los gobiernos de fuerza. En la época en que yo crecí en la música, había dictadores en todas partes. Por eso utilicé mi profesión para cantar los problemas que sufren los pueblos”.

¿Qué le diría a la gente que va a asistir a su concierto acá en Medellín?

“Que será un fenómeno esa presentación. Vamos a darle una serenata a Medellín. Hace mucho tiempo que no voy, y esto yo lo quería hacer hace bastante. Juntar a los integrantes originales para hacer ese concierto, a donde vamos preparados a tocar lo que el oyente quiere. Es un sueño mío, tanto que solo pienso en eso. No soy un muchachito, pero tengo un corazón gigante que se lo voy a entregar a la gente de allá”.

Sonero y compositor

“Nosotros fuimos los que iniciamos lo que llaman merengue durante los ochenta, porque el sonido de las agrupaciones típicas dominicanas era diferente. Eso se lo pueden preguntar a Wilfrido, Johnny Ventura, Antonio Morela. El hijo mío (Ramón O.) experimentaba con esos ritmos. Grabamos un merengue llamado El Brujo, que fue uno de los primeros éxitos. Eso lo llevamos a Colombia, y la gente en principio no sabía cómo bailarlo, pero le gustó. Años después, en ciudades como Barranquilla eso le gustó a un empresario llamado Rafael Bisbal, que siguió difundiendo el merengue. Eran memorables los conciertos que hacíamos allá en Carnaval junto al Joe Arroyo. Fueron cuatro Congo de Oro que ganamos”.

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