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Juan Pablo Díaz: Fase Dos lo lleva a la tarima de la Zalsa

Por César Colón Montijo para 80 grados

Autor: Afronautas/domingo, 19 de marzo de 2017/Categorías: Notimúsica

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Juan Pablo Díaz tiene claro su proyecto salsero. Lo ha cultivado sin prisa, con mucha calma y paciencia. Lo ha hecho con la ayuda de sus mayores. Sus referencias sonoras son diversas, pero del pentagrama salsero son Cheo Feliciano y Rubén Blades las figuras que más han marcado su proyecto: dos álbumes que caminan principalmente la ruta de la llamada salsa social y que coquetean con lo romántico, con líricas que nos libran de la changuería empalagosa que domina la llamada salsa romántica o erótica.

Fase Dos es el nuevo disco de Juan Pablo. Desde su estreno hace unos meses, ha sonado con fuerza en la radio. Dice Juan Pablo que la reacción de la gente salsera lo ha sorprendido, que a veces son hasta sobrecogedoras sus expresiones de apoyo. Con Fase Dos, le llegó el turno al bate que tanto esperaba: una presentación en el Día Nacional de la Zalsa el domingo, 19 de marzo de 2017.

Con esa excusa, decidimos por fin hacer una entrevista sobre su música. Y digo “entrevista” para destacar la seriedad de esta conversación, pues llevamos ya un diálogo cocolo entre panas hace más de quince años. Esta vez, me aproveché del lanzamiento de Fase Dos y de su inminente presentación ante más de veinte mil salseros en el Hiram Bithorn para preguntarle sobre el rol de los arreglistas en la salsa, el contraste entre cantar en el estudio de grabación y cantar en tarima, y su relación con la salsa, entre otros temas.

Dice así,

Ya has hablado en otros medios sobre el proceso de producción del disco, sobre el concepto de esta producción. Entonces, empecemos por hablar sobre la recepción del disco. Está sonando mucho no solo en la isla sino también en Colombia, por lo menos. ¿Cómo ha sido esa brega de mover el álbum? ¿Cuál ha sido tu estrategia de circulación de Fase Dos?

JPD: No te niego que ha sido cuesta arriba. El disco salió el 4 de noviembre, cinco días antes de las elecciones. El media tour al salir no fue efectivo porque los medios estaban saturados con la cobertura eleccionaria tanto de Puerto Rico como de Estados Unidos. La sorpresa que dio Trump recrudeció aún más esa saturación. Y en diciembre, la gente estaba tan hastiada de lo intenso que fue el 2016, que lo que querían era abandonarse a la Navidad, la cual dura casi tres meses en este país. Así que ahora es que estoy empezando el proceso de promoción para que la gente se entere que el disco existe. Sin embargo, no me quedé de brazos cruzados durante la época navideña/post-eleccionaria. Empecé a enseñarle el disco a gente fuera de Puerto Rico, y es por eso que fue reseñado en Colombia, Perú, Venezuela, etc. “Canten” sonó antes, durante el verano, y despertó el interés en muchos conocedores, y luego rematamos con “Aquí o allá” que ha gustado mucho. Spotify también juega un rol bien importante, a pesar de que no necesariamente remunera justamente al artista, pero difunde tu trabajo con mayor facilidad que antes. Es un arma de doble filo que todavía estoy estudiando. En cuanto a recepción, siento que ha tenido mejor acogida que “Díaz”, mi primera producción. Las reacciones son a veces hasta sobrecogedoras, me mencionan el trabajo con muchísimo entusiasmo.

Mientras trabajabas tu primer disco hablamos sobre el sonido que imaginabas para tu proyecto. Recuerdo que, aparte de la influencia de Rubén Blades en algunas de tus letras por eso de la llamada “salsa social”, me decías que el sonido de Cheo Feliciano de los años setenta tardíos, quizás de principios de los ochenta, era una referencia importante. ¿Sigue siendo esa una referencia en Fase Dos? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Y qué es lo que te gusta de ese sonido?

JPD: Definitivamente. Yo soy fan de Cheo, y de su sonido en dos discos que creo que son sumamente importantes en la historia de la salsa. “Estampas” y “Sentimiento, tu” son dos discos de concepto, hablan de temas sociales en una forma elegante y accesible, tanto textual como sonoramente. Eso es lo que creo que me llama la atención de ese concepto: es elaborado, pero no es rebuscado. Y eso fue lo que intenté hacer en la mayoría de los temas en Fase Dos, hacer un producto musical que sonara con la riqueza de esa época, pero adentrándonos en las realidades de un siglo XXI emergente. Pero volviendo a los discos de Cheo, el tipo estaba monta’o. O sea, el departamento de las letras estaba capitaneado por Don Tite Curet Alonso, junto a colegas como Bobby Capó y un José Nogueras que buscaba probarse entre los grandes letristas del momento. En la escuadra de arreglistas estaban Papo Lucca, Marty Sheller, Wisón Torres y Louis García. Para acercarme a este sonido, quise trabajar con alguien que hubiese estado presente durante esa etapa. Y tuve la dicha de contar con el maestrísimo Louis García, con quien me disfruté trabajar dos de los temas del disco, incluyendo el más exitoso hasta ahora, “Canten”.

Te conocemos como cantautor. Por tus letras que buscan ser estampas (¡para seguir con la referencia a Cheo!) de la vida cotidiana hoy en Puerto Rico desde una posición clara de compromiso socio-político. Sin embargo empiezas tu disco con una versión del tema “Canten”, de Polo Montañez. ¿Por qué ese tema? ¿Por qué Polo Montañez? Creo que te hago esta pregunta específica para que me hables sobre la relación entre cantar un tema tuyo e interpetar uno de otro compositor.

JPD: Como fanático de la música, me gusta escuchar discos que te cuenten una historia del primer al último tema. Siento que el primer tema de un disco debe ser expositivo, te debe presentar lo que vas a escuchar. Viene siendo, para mí, como una portada. “Día tras día” es un buen ejemplo de eso. Fue el último tema que escribí para el primer disco, y es el primer track del mismo. Te cuenta, resumidamente, de qué se trata el álbum textual y sonoramente. Con “Canten” intenté hacer lo mismo. Es un tema que celebra la libertad de expresión y la figura del artista comprometido con su arte. Ya había cerrado el disco (o sea, “cerrar un disco” es terminar el proceso de escribir y/o escoger los temas del mismo), pero sentía que me faltaba ese primer tema. En esos días, un gran amigo me presenta la canción de Polo, que creo que la había escuchado antes, pero no le había prestado atención. Fue de esos momentos que haces “click”. Mientras la escuchaba, me la iba imaginando con otro arreglo, vestida con otro traje pero sin perder la esencia del mensaje. Y el resto es historia…es una historia bien, bien corta y joven, pero sigue siendo historia, jejejej.

Me interesa mucho la relación entre la canción grabada y la canción en vivo; entre el performance en el estudio de grabación y el performance en tarima. Pienso en eso cada vez que escucho Fase Dos particularmente por el coro, por cómo se siente la presencia fuerte de la voz de Gilberto Santa Rosa y Jerry Medina. ¿Es esto algo que tienes en cuenta al momento de pensar tu performance en vivo con tu orquesta?

JPD: Cantar en vivo y grabar cantando son dos monstruos completamente distintos. Cantar en vivo es más efímero, por ejemplo. Grabar cantando es lo que se queda. Cantar en vivo tiene que ver con un espectáculo, grabar cantando es un asunto de precisión y meticulosidad. Cantar en vivo es la parte más importante de un concierto, pero no es la única. Grabar cantando es lo primordial para un cantante en un estudio. Uno pensaría que cantar frente a un público en un espacio abierto es más difícil que cantar en estudio, pero en mi caso no es así. El micrófono recoge todo, y hay que saber separar un error de un accidente feliz. Porque la perfección tampoco es apreciada. Y sobre todo, la voz cantada en la salsa tiene que tener “tierra”, “grasa”, o sea: humanidad. Vivimos en un mundo donde el oído común ya no puede ser engañado con el auto tune, porque lo conoce bien. Y es por esto que uno debe apostar a la honestidad, a lo real. Por poner un ejemplo: si se te zafa un gallo en una nota aguda, es un error. Pero si se te desgarra la voz en un bolero, y va acorde con la emoción del tema, eso es un accidente feliz.

Sobre lo de los coristas, yo personalmente soy fanático de los músicos polifacéticos. Me gusta ver en tarima a músicos que hacen más de una cosa a la vez. Tengo la dicha de contar con colegas muy talentosos en mi orquesta que tienen esa habilidad. En mi mente siempre ha sido primordial el montar un espectáculo que yo me disfrutaría ver desde el público, y creo que lo estamos logrando.

Hábleme del rol del arreglista. Has trabajado con maestros como José Lugo, Louis García y Ricardo Pons, entre otros. Y también tú estás haciendo arreglos. Me interesa este tema porque me parece que es central en la salsa y creo que a veces se pierde de persepectiva, creo que muchas veces no se le da a los arreglistas el reconocimiento que merecen.

JPD: En efecto, el rol del arreglista es de los más importantes, y de los menos reconocidos. Siento que no se reconoce porque la gente se pierde en la definición. Es decir, cuando se le acredita a un autor la letra y la música de un tema mucha gente cree que el arreglo es parte original de la música. Lo correcto es que cuando uno se refiere a la “música” de un tema, se está hablando de la melodía original que pueda tener una canción. El arreglo es una cosa aparte. Incluso, en la “época dorada” de la salsa era más común encontrar el crédito del arreglista de un tema, que el crédito a su autor. Para el que no esté familiarizado con el trabajo del arreglista, pongámoslo así: si una canción fuese una película, el director sería el productor musical, el ingeniero de mezcla y grabación sería como el editor, y el arreglista es el equivalente a un director de fotografía. Un arreglo puede tener la habilidad de convertir una canción simple en una contundente pieza de arte. Me gusta colaborar con arreglistas porque viene siendo un proceso creativo colectivo. Me gusta ver cómo el arreglista interpreta tanto el concepto como el mensaje de una canción. En esencia lo que hace con su trabajo es acentuar esos sentimientos. Por poner un ejemplo, hay un tema en el disco que se llama “País gris”, arreglado por Ricardo Pons. El tema es un desahogo sobre el país que vivimos, trata de retratar la ansiedad con la que vivimos. Y sé de facto lo comprometido y apasionado que es Ricardo para con su país, por eso no pude pensar en una mejor persona para arreglar este tema que él. El resultado es uno de mis arreglos favoritos del disco.

Ya que estamos con los arreglos, háblame de Puente. ¿Por qué incluir esa canción? ¿Cómo fue el proceso de arreglarla, producirla y cantarla en directo?

JPD: “Puente” es uno de mis temas favoritos de Gustavo Cerati. En el 2014 ocurrieron dos sucesos importantes para mí: su lamentable deceso, y la invitación de Gilberto Santa Rosa para que fuera el acto de apertura de su serie de conciertos en Uruguay, Argentina, Chile y Bolivia. En estos países, la salsa es relativamente nueva, y ha tomando bastante auge en los últimos años. Cuando me invitaron, reconocí el gran reto que conllevaría presentarme ante un público que no conoce mi material ni mi persona. Entonces, se me ocurrió montar una canción en donde pudiera establecer mi personalidad musical, y que al mismo tiempo el público se sintiera identificado. De ahí surge la idea de traducir un tema del rock argentino a la salsa contemporánea boricua. Empecé a idear el concepto del arreglo, y un gran amigo, el guitarrista Antonio Caraballo, la transcribió a partitura. El experimento salió bien, incluso la llegué a tocar en el mítico Teatro Gran Rex de Buenos Aires, donde JAMÁS pensé que llegaría a tocar, y donde creo que fue la mejor reacción del público. Bailamos en la casa del trompo, y salimos airosos. Cuando regresé a Puerto Rico de la gira, decidí grabarla como sencillo. Poco tiempo después, la incluí como parte del disco.


Juan Pablo Díaz cantando el tema “Puente” en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires.

Ya que mencioné “la salsa”, ese género sagrado que tantos adoramos de distintas formas. ¿Te consideras cantante de salsa? ¿Qué es la salsa? Cómo defines hoy día esa etiqueta que se inventó la industria del disco y que ha tenido ya varias muertes y resurecciones?

JPD: Mi viejo me dijo hace mucho tiempo: “la clasificación es cosa de doctores”. Yo me considero artista ante todo. Encontré en la salsa un vehículo de expresión y experimentación, partiendo de la entrega y el arrojo de una persona que es primordialmente fanática del género. Soy un cocolo reventa’o que ha tenido el privilegio de grabar dos discos de uno de sus géneros favoritos. Sin embargo, no te niego que eventualmente experimentaré con otros géneros musicales. Para mí, es lo natural. He tenido el privilegio de trabajar en más de una faceta artística, y en la música no será la excepción. Hay una idea constante de que “está metiéndole a otros géneros pa’ ver en cuál pega”. En mi caso, eso sería falso. La realidad es que, si hubiese querido hacer música para vender o para pegar, me hubiese ido por la bachata o por la música sacra. Siento que la salsa perdió por mucho tiempo el concepto de resaltar la identidad artística de un músico o cantante. Durante unos años lo importante era sacar un “producto”, y existían arquetipos exitosos de los cuales las disqueras tenían sus propias versiones. Ahora que la burbuja explotó, y las disqueras no tienen el mismo empuje, los artistas han retomado su identidad como carta de presentación. En mi opinión, hace mucho tiempo no se veía eso en la salsa joven. Para muestra, un botón: Pirulo y La Tribu, Willito Otero, Orquesta El Macabeo, la Orquesta de Pete Perignon, y yo, tenemos ofertas que no compiten entre sí. ¿Por qué? Porque hay una identidad establecida, y cada cual está claro de lo que quiere traer a la mesa. Ese era uno de los atractivos de la “época dorada” de la salsa, y lo estamos viendo funcionar en la actualidad.

Sobre la definición del término, me gusta el significado que le dio Rubén Blades en sus tiempos: la salsa es el folklore de las ciudades latinoamericanas. Es decir, todos los países tienen su propio folklore, su propia música típica. Pero la salsa viene siendo la música autóctona que unifica a todas las ciudades del continente. Reconozco que los tiempos han cambiado y que también tenemos al hip hop como idioma unificador, pero la salsa estaba primero. Creo que se tiene que atemperar a un siglo XXI intenso. En numerosas ocasiones he dicho que la salsa es el único género musical que compite con su propio pasado. A veces, mi material tiene que competir con canciones de exponentes que llevan más tiempo muertos que lo que yo llevo vivo. Si ves las listas de ventas y popularidad, más de quince discos de los Top 20 son discos que llevan más de diez años a la venta, o son compilaciones de éxitos. ¿La razón? No la sé, pero es lo que está pasando.

Regresemos a Fase Dos para ir terminando, ¿por qué trece temas? Son bastantes canciones para un álbum. Pregunto porque me imagino que a nivel conceptual debe ser bien complicado hilvanar un disco. También porque aquí incluyes canciones que ya habíamos escuchado como “Una vez yo te quisí” y “Réquiem para Lita”.

JPD: Lo de los trece tracks (doce temas y un interludio) no fue algo premeditado. Fue algo que simplemente pasó. Creo que es una repuesta a que ya había grabado varios temas, como parte de un relanzamiento “deluxe” del primer disco que iba a hacer con una disquera. “Una vez yo te quisí” lo saqué como sencillo navideño en el 2015, y “Réquiem para Lita” fue una colaboración para la banda sonora del documental “El Antillano”. En el primer disco, tenía la pretensión de grabar un GRAN disco. Sin embargo, en este disco me concentré en grabar buenos temas, que es lo que eventualmente compone un buen disco. Es decir, no estaba pensando en cómo iba a hilvanar la historia, eso vendría después. Fue un proceso difícil, de varias semanas de logística. No es tan fácil, pero es divertido. El orden debe establecer una experiencia, algo que te mantenga interesado como espectador. Si en el medio te aburres, perdiste. Hasta ahora, las reacciones han sido más que positivas.

Para terminar, por ahora, háblame de esa oportunidad de presentarte con tu orquesta en el Día Nacional de la Zalsa. ¿Te preparas de alguna manera en particular por lo que significa esa tarima o le metes mano de la misma forma en que lo harías para cualquier otro escenario?

JPD: La oportunidad es gigantesca. No te niego que la llevo esperando por años, pero a la vez me siento privilegiado porque sé que hay muchos compañeros que les gustaría tener la oportunidad y no se les ha dado. Por eso, lo veo como una gran responsabilidad. Reconozco que hay mucha gente que aún no me ha visto tocar en vivo, por eso es un foro tan importante. Para que la gente me conozca eficientemente, tengo que hacer un repaso musical de una hora por mi carrera (menos mal que es corta, jejej). Estoy en ese proceso de selección de escogido de temas esenciales para que el público se lleve la impresión más general de lo que hemos estado trabajando durante estos años.

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