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Fruko: Ocho mil canciones que han bailado millones de colombianos

Por Miguel Ángel Cortés para Radio Nacional

Autor: Afronautas/miércoles, 24 de mayo de 2017/Categorías: Notimúsica

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Fue un 5 de febrero de 1965 cuando Julio Ernesto Estrada, un joven de 14 años, tal vez sin saberlo, cumpliría una de las citas más importantes de su vida. Así lo recuerda, con tal exactitud. Ahí estaba él, inquieto por la música, muy puntual a las 8 a.m. atendiendo al llamado de Don Antonio Fuentes, para empezar a trabajar como utilero del estudio de Discos Fuentes, una de las firmas más reconocidas de la industria musical de la época.

No pasaría mucho tiempo para hacer sur primeros pinos, cimentar un camino de experiencias, cultivar reconocimiento y cosechar un estilo musical con lo que hoy son más de 8 mil temas musicales, para más tarde catapultarse como ‘Fruko’, el gran pionero de la salsa colombiana.

El talento y afición del joven Julio Ernesto por los ritmos, las notas y los buenos acordes era evidentes. Un día cualquiera se le presentaría lo que llaman una ‘oportunidad de oro’.

“Como los instrumentos estaban allí, tuve el chance de estar tocando y un día se presentó la oportunidad con los Corraleros de Majagual. Les quitaron la caja vallenata y les pusieron le timbal y yo fui el afortunado de tocar con un ritmo original ese que suena ‘Ve coge el sillón y pónselo a la burrita….’. De ahí a enero de 1966, ya estaba en Nueva York, tocando con los Corraleros y alternado con Tito Puentes, con las mejores orquestas. Y ahí hice una gran temporada como 7 años con los Corraleros tocando en todas las fiestas colombianas“, cuenta Fruko.

A partir de ese momento, su nombre sería escrito en uno de los capítulos más gloriosos de la música tropical en Colombia con la pluma de los célebres Corraleros de Majagual. Siendo un adolescente, conoció a los legendarios Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Lisandro Meza, Chico Cervantes y Eliseo Herrera, el rey del trabalengua. Con ellos fue a recorrer el mundo, frecuentaban más que todo Venezuela.

Allí se empezaría a impregnar un poco del sabor salsero con líderes como Willie Colón, Ricardo Rae, Bobby Cruz, Héctor Lavoe, Ray Barreto, y conoció a Rubén Blabes y Tito Gómez, haciendo los coros para Alberto Santiago.

Durante su juventud, tuvo la oportunidad de reunir muchos datos académicos, anécdotas y secretos, que según él, le brindaba la música y la suerte. Más tarde, con este sortilegio, pudo empezar a construir ritmos y orquestas con un selló único: Afrosound, Wganda Kenya, Latin Brothers y la inigualable Fruko y sus Tesos.

“He tenido esa suerte de ser una de las bases de esta música, respetando los cánones de instrumentistas y grandes maestros como Lucho Bermúdez, Pacho Galán, Clímaco Sarmiento y Edmundo Arias”, señala.

Salsa con identidad colombiana

A inicios de los años 70 se le ocurrió juntar un grupo de muchachos entre 18 y 22 años. Todos provenientes de distintas zonas del país y con un talento excepcional en voces e instrumentos. Así nacen Fruko y sus Tesos, una apuesta que surge en medio de una época en la que la revolución de la salsa estaba reservada para cubanos, puertorriqueños y/o neoyorkinos. Y se lo tomaron tan enserio, que hasta en sitios emblemáticos de salsa en Cali los llegaron a confundir.

“Estuvimos tocado un día en ‘Cristal’ uno de los sitios más reconocidos de Cali. Cuando salimos para el hotel, los agentes del DAS, que eran los encargado de migración, nos pidieron los pasaportes y nos dijeron que por dónde habíamos entrado”, cuenta entre risas.

Relata que su misión, al mando de la orquesta, fue llegar a ser respetado por este grupo de jóvenes, casi al nivel de general militar, para lo que llama ‘conducirlos a un sonido con identidad’. Para manejar toda esta variedad de caracteres y personalidades había que tener toda una metodología.

Su trabajo al lado de figuras cono Piper Pimienta, Wilson Manyoma y Joe Arroyo son recuerdos que guarda con afecto especial, cada uno le dejo una huella.

“Empecemos por el primero que conocí, Piper Pimienta, de Cauca, muy parecido a Sammy Davis Jr., tenía un estilo inigualable al cantar e interpretar, unos falsetes, mucha alegría, también bailador, interpretó sus canciones y fue muy exitoso.

Luego vino Wilson Manyoma, del barrio Alameda de Cali. Hizo su primer canción que se llamó ‘Tú sufrirás’ y luego llegó a cantar el éxito de fachada de la Orquesta Fruko y sus Tesos, que llamó ‘El preso’, composición Álvaro Velásquez, que realmente es una de las canciones más sonadas en todo el planeta de la música salsa.

Y luego el inmensurable, Joe Arroyo, con todo el prestigio de una ciudad metrópoli, muy parecida a La Habana, mucho sabor, mucha alegría, una vocalización y un tono único, pero también decían los cubanos que se parecía a Celia Cruz y a otros cantantes de allá. Joe participó y nos dejó muchos éxitos. De una presencia magnífica, por su labor, por sus canciones. Empezó con Fruko y sus Tesos.”

Su labor consistió en reunir estos potenciales para transformarlos en un ‘himno de felicidad’, de interpretación muy académica. Todo se trabajaba con partitura, la cual tenía que alternar con las voces, las trompetas, el piano, el desarrollo de la percusión, la melodía y la armonía. Toda una fórmula exclusiva de salsa colombiana tipo exportación y de 100% calidad para el resto del mundo.

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