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La salsa en Colombia: ¿llegó de Nueva York o ya existía?

Por: Sherly Montaguth para www.senalcolombia.tv

Autor: Afronautas/jueves, 19 de octubre de 2017/Categorías: Notimúsica

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Por: Sherly Montaguth para www.senalcolombia.tv

La salsa es uno de los ritmos tropicales que más penetración ha tenido en nuestro país. La influencia de la salsa en la cultura colombiana ha sido tanta que hoy en día hay industria en torno a sus sonidos, el país cuenta con grandes músicos y orquestas salseras en su historia de producciones musicales e incluso tiene un estilo propio para bailar la salsa que es reconocido internacionalmente.

La salsa, con su diversidad y rebeldía, caló profundo en un país fracturado por la desigualdad y la violencia, compitiendo con las músicas tradicionales colombianas para sonar con fuerza en las casas a pesar de su poca difusión radial en nuestro territorio, hasta encontrar en Cali su capital mundial, ciudad que no deja morir la cultura salsera y que ha convertido estos sonidos en una verdadera industria.

                    
Fragmento de «Cali: de película», cinta de 1973 de los directores de Caliwood, Carlos Mayolo y Luis Ospina, en la que congela en la memoria la ciudad de Cali en tiempos de feria. De fondo suena «Payaso» de la orquesta venezolana Nelson y sus estrellas. Desde el punto de vista discográfico, la salsa tiene una historia muy bien documentada desde su explosión en el barrio latino de Nueva York, pero la salsa es un todo un movimiento mucho más complejo que solo la producción de discos.

La salsa es cultura, es la historia de pueblos y de raza, es un estilo de vida y por lo tanto el abordarla desde la cronología discográfica no es suficiente. Es también necesario el sumergirse en las sonoridades que ahora se conocen popularmente como «salsa» para verla desde un punto de vista etnográfico y así tratar de contar la salsa desde la gente que por más de un siglo ha gozado, bailado y celebrado al ritmo de las claves del son y la rumba. (1)

"La salsa no es un género musical. La salsa puede considerarse como un movimiento musical y cultural porque allí hay muchos ingredientes que provienen de distintas músicas folclóricas de distintas partes del Caribe".
Robert Téllez - @TellezRobert
Locutor, autor e investigador de música afroantillana

¿De dónde es la salsa?

La salsa empezó a cocinarse mucho antes del primer disco publicado bajo la etiqueta de salsa en la década de los sesenta y rastrear esas raíces antillanas inevitablemente conduce hasta África.

Desde principios del siglo XVI, inicia en territorio cubano la colonización española y, con los españoles, llega la esclavitud, un exitoso modelo comercial que solucionaba la necesidad de mano de obra pesada en las plantaciones de caña y tabaco que impusieron los colonos como objetivos económicos de la isla, todo a cambio de vestir, alimentar y cristianizar a los aborígenes.

Al mermar la población indígena -e incluso la española- en Cuba, fue necesario entonces «importar» esclavos africanos en transacciones que engrosaban aún más los bolsillos de la corona. Miles de africanos fueron arrancados de su tierra, de su familia, su religión, sus costumbres, su historia y todo lo que conocían para empezar una nueva vida en el Nuevo Mundo y fue Cuba, por supuesto, uno de los territorios que recibió a un gran número de esclavos negros.

"Los pueblos yoruba que llegaron a Cuba sobrevivieron a la tragedia de la esclavitud a través del guaguancó y el son".
Diana Uribe
Periodista especialista en historia

La diáspora africana conoce entonces la esclavitud perpetua en la que la etiqueta de esclavo pasaba de generación en generación y su expectativa de vida se hacía cada vez más corta por las largas jornadas y abusos físicos. Una esclavitud para la que ellos ni siquiera eran considerados seres humanos; eran menos que animales.

Ante una vida tan dura y deshumanizante, el negro resistió y sobrevivió a la esclavitud gracias a la música y, si bien el folclore no es el único aporte de la comunidad afroamericana, la música representa un buen camino para abordar la historia de nuestros negros porque en sus canciones está la memoria de la raza.(2)

Utilizando la música como escape al sufrimiento y como vía para encontrar alegría en medio de una difícil existencia, los negros empiezan a replicar los instrumentos y sonoridades de su madre tierra para luego sincretizarlas con las armonías antillanas.

Un posible ejemplo de esto es el son cubano, música que se nutrió de los ritmos africanos y que en su formato tiene instrumentos idiófonos como la marímbula, que viene de la sanza (3), y la famosa clave que, si bien se reconoce como un instrumento original afrocubano, posiblemente viene de bastones que usaban los africanos en sus interpretaciones.


Ecuatoguineanos en medio del «mvet», una de las tradiciones orales más importantes de África (4). En este evento de connotaciones poéticas y místicas se ve a muchos rodear al trovador mientras tocan bastones de madera.


Músico de Guinea Ecuatorial interpretando una sanza o lamelófono en estilo libre. Las hojillas se tocan con una mano mientras se da el ritmo con golpes al cajón, tal como se toca la marímbula en el son.

No es descabellado pensar que los negros provenientes de regiones subsaharianas hayan sido quienes replicaron las sanzas y las claves en suelo antillano.

Aunque es difícil precisar la proporción de las diferentes etnias de donde provenían los esclavos llevados a Cuba, se puede decir que -al menos- en los inicios de la colonia hasta entrado el siglo XVII, la mayor representación la tenían esclavos de la Alta Guinea que fueron llevados a trabajar en las plantaciones. La tendencia fue cambiando gradualmente hasta que la mayoría fueron esclavos yoruba hacia el siglo XVIII. (5)

Además de los sonidos traídos por los africanos, los aborígenes y españoles también pusieron su cuota para el sincretismo musical que se gestó y parió los ritmos musicales que dieron origen a lo que hoy conocemos como salsa, pero uno de estos se destaca: el son.

En esa mezcla se reunieron las armonías indígenas y golpes afros con la contradanza española para crear el género musical más importante de Cuba, responsable del nacimiento de muchos otros subgéneros y, posteriormente, de lo que hoy se conoce en el mundo como salsa.


Con esta música de percusiones y clave se baila una de las danzas tradicionales de la región de Annobó en Guinea Ecuatori: el «Tombo laso», que se baila en rueda, hay cambio de pareja y todos siguen a un capitán quien canta los pasos. De este baile se alimentó el baile del son y de aquí viene lo que hoy se conoce como la rueda de casino cubana, baile grupal en el que un capitán canta los cambios y figuras para todas las parejas.

El son empieza a vislumbrarse en el contexto de la abolición de la esclavitud en Cuba, proceso que fue uno de los más largos del continente. Tras el decreto de abolición por parte del patronato en 1880, los esclavos pasaron a una forma de semi-esclavismo que no se solucionó hasta el decreto de abolición que llegó desde la misma corona española en 1886. Incluso después de este hito siguieron trabajando «libres» en las plantaciones pero sometidos al mismo tiempo. (6)

Las plantaciones, especialmente las de caña de azúcar, fueron un escenario determinante en el nacimiento de la música afrocubana y en su llegada al suelo colombiano.

A pesar del trabajo pesado, con la libertad vino la posibilidad de moverse. Campesinos de las plantaciones llegaron desde diferentes partes de Cuba a La Habana a mezclar sus proto-sones y danzones en un caldo musical que le regaló al mundo el sabor del son.


El Sexteto Habanero fue una de las agrupaciones pioneras del son cubano y sus temas marcan la historia de los inicios de la discografía cubana. Iniciaron como Cuarteto Oriental y al llegar dos nuevos integrantes pasaron a ser el Sexteto Habanero; tras la inclusión de uno más pasaron a ser el Septeto Habanero, creando así un nuevo formato para el género.

Creadores de un estilo, una forma innovadora del son, emprendedores de una rítmica nunca vista en el continente americano, propulsores de un formato de agrupación. Senén Suárez sobre el Sexteto Habanero Músico cubano y autor del libro «Las raíces del son».

El son se convirtió en la historia del pueblo negro en Cuba al ser el medio por el cual se compartían las historias de sufrimiento, lucha, trabajo forzado, resistencia y celebración; su memoria quedó inmortalizada en canciones que encontraron en la industria discográfica, una de las más tempranas del continente, el formato para seguir resistiendo y sobreviviendo a la represión y al paso del tiempo.

Agrupaciones de son empezaron a surgir en La Habana y entre las pioneras se puede reseñar al Septeto Habanero, grupo que le dio estilo e identidad al son y alimentó el espíritu sonero desde inicios del siglo XX y que sería importante para el nacimiento del son en Colombia. Importante es también el Septeto Nacional de Cuba, el cual aportó innovaciones al son.

Otra agrupación que es un referente importante en el son y en su internacionalización es el grupo santiaguero Trío Matamoros, claves para disfrutar la mezcla entre el bolero y el son, y para entender el proceso de formación que seguían los trovadores hasta convertirse en verdaderos soneros. De esta escuela salió Benny Moré, una de las más reconocidas voces cubanas, y el memorable Compay Segundo, músico que vino a conocer la fama solo décadas después gracias al disco y la película Buena Vista Social Club en los noventa.


La canción «El Ingenio» es un son afrocubano grabado por el Trío Matamoros que cuenta en su letra las dificultades y durezas del trabajo en las plantaciones de caña de azúcar.

El son continuó en un incesante proceso de fusión con géneros como la rumba y el merengue para dar a luz otros ritmos como el son montuno, el mambo, la pachanga, el chachachá y la timba.

La Sonora Matancera, la orquesta más importante y con mayor proyección internacional de Cuba, puede ser excelente opción para escuchar el son, la rumba y todas sus fusiones porque en su repertorio ya se siente la venida de la salsa moderna. La Matancera fue cuna de grandes artistas de la música latina y siempre tuvo una variedad impresionante de voces, composiciones y ritmos en su catálogo.


Compilado de diferentes presentaciones de La Sonora Matancera con las voces de Carlos Argentino, Welfo Gutiérrez, Yayo el Indio, Celio González y la inconfundible Celia Cruz.

Por supuesto, hay diferencias técnicas en la musicalidad de los diferentes ritmos afrocubanos, pero es la reunión de toda esa música bajo una sola etiqueta lo que hoy conocemos como salsa.

¿Qué es la salsa?

La música salsa se estaba tocando hacía años. Tenía un nombre diferente: se llamaba música afrocubana. Nosotros le pusimos un nombre y ese nombre quedó como pegado. Larry Harlow en entrevista para BBC Mundo Artista y productor neoyorquino.

Desde los años treinta empieza a sonar la palabra «salsa» para referirse a los ritmos afrocubanos, pero no es hasta poco más de tres décadas después que empiezan a ser mercadeados como salsa. (7)

La anécdota alrededor de este hecho se le atribuye a la autora, periodista y experta en música latina, Sue Steward, quien hasta su muerte se dedicó a la investigación de las músicas del mundo. Es a «La Stewarda» a quien le achacan el mérito de haberle contado al mundo la historia detrás del porqué la salsa se llama salsa, hecho que la radio venezolana confirma.

En 1968, año de la caótica pero histórica presentación de Richie Ray y Bobby Cruz en Cali, el dúo decide hacer una parada en Venezuela antes de pasar a Colombia en la dieron una entrevista para La hora de la salsa, el programa del locutor Phidias Danilo Escalona. En medio de la conversa el locutor pregunta qué es lo que tocan y Richie contesta que a lo que hacen le ponen sabor, así como la salsa de tomate le da sabor a la comida. Escalona suelta la contrapregunta: «¿Entonces lo que ustedes tocan en salsa?»; y remata, «pues, damas y caballeros, vamos a escuchar ahora la salsa de Ricardo Ray y Bobby Cruz». (8) (9)


Phidias Danilo Escalona en el programa «Los doce del signo» del astrólogo argentino Horangel. En esta pequeña intervención habla sobre la salsa como una palabra que no se refiere a música sino a una manera de comercializar esta colección de ritmos. El programa de Escalona tuvo tanto impacto que pasó a la memoria discográfica con una canción que le dedicó Tito Rodríguez llamada «El bigotón de Danilo» y hasta cuenta con un pregón dedicado por Ricardo Ray y Bobby Cruz en su canción «El Guarataro».

El cuento no termina allí. Gracias a esa entrevista es que el disco de Richie Ray y Bobby Cruz publicado en 1968, «Los Durísimos», pasa a tener el apellido «Salsa y Control» en la portada. Detrás de ellos, otros músicos empiezan a acoger su sonido bajo la etiqueta de «salsa».

Sin embargo, aún faltaba la mano de la tremenda dupla detrás del monopolio salsero para terminar de bautizar a esta variedad de sonidos con ese nombre culinario que trae a la mente la mezcla de diferentes sabores. La dupla era el músico dominicano Johnny Pacheco y el abogado judío Jerry Massuci, creadores del sello Fania Records, la disquera detrás de la Fania All- Stars, la orquesta salsera más importante de la escena latina de Nueva York.

A partir de este momento es que se le empieza a llamar comercialmente «salsa» a la colección de ritmos afrocubanos (guaguancó, son montuno, pachanga, guaracha, chachachá, descarga) que cuentan con arreglos que vienen del jazz norteamericano.

La idea prueba ser un éxito del mercadeo que logró simplificar la variedad de la música cubana bajo una sola etiqueta con la que se podría vender el producto internacionalmente de manera sencilla. Es aquí cuando se puede decir -con toda confianza- que la salsa no es un género músical; es un nombre comercial.


Canción «Yo soy Babalú» del disco «Los durísimos» de Richie Ray y Bobby Cruz, publicado en 1958. El Babalú Ayé es una deidad yoruba a la que se le otorga la capacidad de dar y quitar enfermedades; en el sincretismo religioso es equivalente a San Lázaro de los cristianos.

¿A qué le llamamos salsa?

Bajo el nombre de «salsa» entra el movimiento neoyorquino de música latina, reuniendo inmigrantes de Cuba, Puerto Rico y otros países que, si bien no vivían subyugados ante la esclavitud, sí padecían ese desarraigo que llevó a los africanos a refugiarse en la música en primer lugar.

En medio de un Estados Unidos en plena Guerra de Vietnam, lucha por los derechos civiles y el embargo a Cuba, se creó un laboratorio en el barrio latino de Nueva York en el que se mezclaron los ritmos antillanos con influencias del jazz norteamericano (10).

El embargo a Cuba fue importante para darle impulso a la salsa neoyorquina ya que ante este escenario dejó de sonar con tanta fuerza la música tradicional cubana, dejando un espacio que la salsa empezó a llenar. La isla queda en completo aislamiento, muchos de sus músicos emigran y todos los sonidos que crean afuera ya no tienen como entrar al territorio de sus raíces.

Ese aislamiento de Cuba representó una oportunidad de oro para los salseros, quienes aprovecharon el aislamiento de la isla para tomar canciones auténticas cubanas y versionarlas (11). Incluso las orquestas puertorriqueñas aprovecharon el momento para echar mano de viejas composiciones, es por eso que canciones memorables de la salsa como Fuego en el 23 y Hachero pa' un palo se asocian al repertorio de la Sonora Ponceña de Puerto Rico y no a su autor original, Arsenio Rodríguez, músico cubano que popularizó el son montuno.


La Sonora Ponceña tocando en vivo la canción «Hachero pa' un palo», uno de sus éxitos más conocidos a pesar de ser composición original del sonero cubano Arsenio Rodríguez. La Ponceña se apropió del tema, lo reinterpretó y entregó esta espectacular versión que hoy sigue sonando con fuerza en las pistas de baile salseras.

"Si se escucha la salsa de Nueva York en la época de la Guerra de Vietnam, esa salsa tiene un dolor, esa salsa no es hedonista, es una salsa cruda".
Fernando España
Disc-jockey, investigador y autor.

El contexto sociopolítico de los latinos en Estados Unidos y la influencia de la canción cubana fueron determinantes para marcar el estilo lírico de la salsa neoyorquina, un estilo de letras nostálgicas que relatan historias de barrio en un lenguaje universal.

Es así como la salsa conquista el globo con la crudeza de sus letras y la poca finura de su sonido, unifica y empodera a los latinos del mundo y rápidamente se vuelve un gran movimiento cultural que representa la voz y el sentir latino, sus bailes, su cosmovisión, su raza y su historia misma, por eso se encuentran composiciones tan brillantes como las de Tite Curet, el puertorriqueño detrás de los grandes éxitos de la Fania, en canciones como Las caras lindas (de mi gente negra) y Anacaona, éxitos que trajeron de vuelta la memoria de la esclavitud y el areito de la aborigen que se enfrentó a los conquistadores españoles en República Dominicana.

La salsa deja de ser un asunto cubano para ser de todos.


Cheo Feliciano interpretando la canción ¨«Anacaona» con la orquesta neoyorquina Fania All-Stars en este fragmento del documental «Our Latin Thing», producido por Jerry Masucci de Fania Records. Aquí también se puede ver a Larry Harlow, «el judío maravilloso», produciendo la grabación de la canción y dirigiendo los arreglos.

¿Cómo llegó la salsa a Colombia?

"El son y la salsa no eran cosa exótica para el colombiano común, porque cuando estas prácticas arribaron a suelo nacional en formas más modernas, sus bases eran parte de la memoria colectiva nacional, continuando vivas..."
Fernando España
Disc-jockey, investigador y autor.

Es aquí donde la historia cubana y la nuestra confluyen para explicar el nacimiento y del fenómeno salsero en Colombia.

Desde la mirada discográfica, se puede decir que la salsa hecha en Nueva York entró a nuestro país casi de manera simultánea en los años 60 y 70, pero si recordamos que la salsa no es un género musical sino el nombre comercial de la reunión de músicas afrocubanas y antillanas, entonces Colombia ya teníamos salsa antes de que la salsa se llamara salsa (12) y hay registro sonoro de la agrupación pionera que aún está vigente.

Su historia va amarrada la creación de los primeros ingenios azucareros en Colombia a finales del siglo XIX en la región del Valle del Cauca y la costa norte del país (27); también está atada a la construcción de las primeras obras civiles lideradas por el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros (13)(14). Se establece el «Plan vial de Cisneros» con apoyo estatal y se crea el Ingenio Azucarero Central de Colombia gracias a inversionistas estadounidenses en Sincerín (15), pueblo del departamento de Bolívar, situado a pocos kilómetros de San Basilio de Palenque.

Con el ingenio y sus plantaciones llegaron trabajadores cubanos que fueron traídos para enseñar sus saberes en el manejo de los cultivos de caña, pues bien saben ellos del tema desde que la colonización convirtió a la isla en productora de azúcar. Por su parte, Cisneros trajo técnicos de Cuba para trabajar en sus obras. De esta manera, con los cubanos llegó su música tradicional a territorio colombiano, echando raíces profundas en el Caribe colombiano y en el Valle del Cauca.


La canción «Esta tierra no es mía» del Sexteto Tabalá fue compuesta por Rafael Cassiani, líder del grupo, después de perder su trabajo en el Ingenio Santacruz por la reforma agraria de 1997, hecha por el Incora, en la cual muchos terratenientes se vieron obligados a venderle sus tierras al estado.

De toda esta historia nace en 1930 el Sexteto Tabalá, la primera agrupación colombiana que creó un nuevo subgénero a partir del son montuno y la música costeña: el son palenquero, hecho en San Basilio de Palenque, asentamiento cimarrón y primer pueblo libre de la esclavitud en América.

Sus inicios fueron en 1928 bajo en nombre de Sexteto Habanero de Palenque; armados con totumos nativos como maracas, crearon su propio bajo palenquero, recibieron la marímbula cubana y aprendieron a hacer las congas y el bongó con la madera de la zona para replicar el formato del Sexteto Habanero de Cuba. (24)

Tiempo después de tocar canciones ajenas, el sexteto se hizo dueño del son montuno y lo fusionó con el bullerengue, la cumbia y la chalupa propias de la región; incluso cambiaron de nombre gracias a un periodista cartagenero y por eso hoy los conocemos como el Sexteto Tabalá, los reyes del son palenquero. (23)

Tuvieron que pasar décadas desde 1930 para que la salsa en forma de son palenquero se grabara en un disco; solo hasta 1997, el Sexteto Tabalá grabó su primer álbum gracias al documentalista y productor Lucas Silva, fundador del sello Palenque Records.


Nelson Pinedo y la Sonora Matancera interpretando la canción «Me voy pa' La Habana» en la película cubana de 1955 «Una gallega en La Habana».

Podría decirse entonces que la representación discográfica de Colombia en la salsa comienza con el barranquillero Nelson Pinedo con la Sonora Matancera.

En 1953, Nelson Pinedo se une a La Sonora Matancera con la que estuvo estuvo cinco años en los que sirvió como un verdadero puente entre la música cubana y la colombiana (16), trayendo a nuestro país boleros y chachachás como Háblame claro y llevando el folclor colombiano para su «matancerización» en Cuba con canciones como Me voy pa' La Habana y Se va el caimán, composiciones del también barranquillero José María Peñaranda.


Uno de los primeros discos de Michi Sarmiento y su combo bravo es «Salsa Picante», un álbum en el que se siente la rapidez y contundencia que caracterizarían a la salsa colombiana años después.

El intercambio musical incrementó con los puertos en la costa Caribe y Pacífica de Colombia. La radio cubana, que llegaba directa a la región caribeña del país, suena con fuerza y su modelo es copiado por las primeras emisoras de radio en Barranquilla (17), hoy reconocida como ciudad salsera.

En este punto es necesario hablar de los pioneros de la salsa colombiana recordando nombres como el de Roberto de la Barrera con su charanga Pa' los cocacolos y el músico Michi Sarmiento y su combo bravo, orquesta con la que grabó nueve discos de larga duración. Aunque Michi es saxofonista y también hizo folclore costeño, es reconocido por su importante aporte a la salsa colombiana. Hoy sigue haciendo música con la orquesta Ondatrópica.

Dentro de ese intercambio de discos y de músicos sucede una de las anécdotas más mencionadas en la historia de la salsa colombiana porque de aquí sale uno de los salseros más famosos de nuestro país. Los Corraleros de Majagual tocan en Nueva York en el año 1966 alternando con el conjunto de Johnny Pacheco (18). La banda costeña se enamora de la salsa allí y regresa a grabar temas salseros, algo atípico para un grupo folclórico de porros y cumbias colombianas.

En 1970, Los Corraleros publican «Ésta si es salsa!», disco que incluye descargas y charangas como Mondongo y Don Eliseo, un cover de Don Maceo de Louie Ramírez en el que suena la fusión trasgresora de la salsa con el acordeón.


La canción «Mondongo» es una poderosa descarga incluida en el disco «Esta sí es salsa!» publicado en 1970 por Los Corraleros de Majagual. En la portada del disco el conjunto posa a un lado del puente George Washington en Nueva York.

En la foto de portada del disco se ve a Lisandro Meza, músico corralero que grabó el disco «Salsita mami» como Lisandro Meza y su conjunto en 1970. El LP incluye covers de varias canciones como Arrebata, jala jala de Milton Zapata, y el clásico Sabroso guaguancó de Celia Cruz con La Sonora Matancera.

Sin embargo, no fue el único corralero en hacer salsa. Julio Ernesto Estrada, después de grabar salsa en su disco «Tesura», se retiró de Los Corraleros para crear su propia orquesta influenciada por la rebeldía y el desparpajo de la salsa brava neoyorquina y así es como le da vida a Fruko y sus Tesos en 1970.

En materia discográfica uno podría decir que Fruko es el pionero de la salsa en colombia, aunque ya en Santa Marta y en Barranquilla venían trabajando músicos como Michi Sarmiento. Robert Téllez - @TellezRobert Locutor, autor e investigador de música afroantillana


En el disco «A la memoria del muerto» se incluyen covers como «Achilipú», canción de la española Dolores Vargas llevada a la salsa por el Gran Combo de Puerto Rico y «A la memoria del muerto», uno de los temas representativos de Fruko en la voz de Piper Pimienta. Los futuros trabajos de estos músicos y de otros que les siguieron dejaron atrás la fórmula establecida por la salsa neoyorquina y puertorriqueña para empezar a imprimirle el sello nacional a la salsa, confirmando que la salsa colombiana sí tiene una identidad y un sonido propio que es reconocido. (19)

El Joe Arroyo es, quizás, la confirmación de la identidad de nuestra salsa. Tras hacer parte de diversas agrupaciones, entre esas Fruko y sus Tesos, montó su orquesta La Verdad con la que se mantuvo fiel a las líricas con historias de raza y pueblo, fusionando la salsa con música costeña y caribeña hasta inventar el «joeson», un sonido que solo el Joe tuvo.

Al hablar del Joe es necesario abordar su tema más popular y frentero: Rebelión, una canción original del Joe en la que confronta la historia colombiana con la memoria de las negritudes. Es un canto de esclavitud y de lucha por la libertad que la cultura musical convirtió en un himno más de Colombia. Por canciones como esta es que la salsa es la gran contadora de historias latinoamericanas.

Hoy, los bailadores siguen encendiendo las pistas de baile social y familiar con la potente voz del negro Joe, tan recordada como la de Celia Cruz, su principal influencia vocal.

"La primera vez que la canté en España, allá en el Ayuntamiento, con la Reina y el Rey a bordo, traté de acomodar la letra y la gente me saltó y me dijo: «No, no. ¡Cántala como es!». Desde entonces es el himno de mi canto".
Joe Arroyo
Entrevista para Rolling Stone


La «Rebelión» de Joe Arroyo se grabó en 1986 con arreglos de Michi Sarmiento y el piano de Chelito de Castro y fue el tema que hizo despegar a su orquesta La Verdad. El poderoso coro «¡No le pegue a la negra» le dio una visibilidad internacional tan importante que mucho se ha escrito sobre el tema y sigue siendo influyente en Colombia y en muchos otros países.

Uno de los que vino detrás fue Jairo Valera con su Grupo Niche. Fundado en 1979, exploró la vigorosidad de la salsa y, según el investigador Robert Téllez, fue una orquesta que logró interpretar el cambio hacia la salsa romántica que inició en los años 80 con la baja de popularidad de la salsa, movida que catapultó al grupo y convirtió el disco «Cielo de tambores» en su disco más vendido y en uno de los 50 discos más importantes de la música latina según la revista Billboard.

El Grupo Niche traspasó las fronteras de Colombia y se posicionó al punto de compartir escenario con la Fania All-Stars, visitar países lejanos y llenar estadios y arenas en diferentes ciudades. Simultáneamente, la adición al repertorio colombiano de la Orquesta Guayacán de Alexis Lozano con su inconfundible fusión contundente de salsa y aires del Pacífico le dio una estocada más al estilo colombiano de hacer salsa, hoy reconocido a nivel internacional.


El año 1990, el Grupo Niche en el Madison Square Garden tocando «Cali Ají», una de sus canciones más reconocidas del disco «Cielo de tambores». Niche dedicó muchas de sus canciones al Valle del Cauca, entre esas «Cali Pachanguero», éxito de la Feria de Cali que fue propuesto ante la Alcaldía como himno oficial de la ciudad en 2012.

¿Por qué la salsa se quedó en Cali?

Aunque la salsa es foránea y no hace parte del folclor colombiano, ha sido exitosa en toda Colombia y hace parte de la memoria colectiva de sus habitantes pero hay un caso muy especial que no tiene igual en el mundo: Cali.

A Cali se le conoce como la capital mundial de la salsa y ya no es posible hablar de salsa en en el mundo sin mencionarla, así como es imposible pretender equiparar la penetración de la salsa en el resto del país con el caso caleño. De hecho, no se le puede comparar con ningún otro lugar en el planeta.

En Barranquilla también penetró profundamente la salsa por el propio intercambio de ciudadanos en viajes por el mar y por la misma radio, pero mientras en Barranquilla existían muchos otros sonidos nativos sirviendo como contención del fenómeno salsero (20), Cali seguía mirando hacia la música cubana y, posteriormente, hacia la salsa brava de Nueva York (21), sin ninguna música tradicional de fuerte arraigo que le hiciera contrapeso a la salsa.

Las circunstancias que llevaron a Cali a ser la capital mundial de la salsa pueden ser variadas pero tan complejas como el mismo origen del son en Cuba; y es que son pueblos distantes pero similares. Mientras la isla se encuentra flotando entre las Antillas en el mar caribeño, las aguas que han influenciado a Cali son Pacífico puro, pero tienen puntos en común en su pasado.

El Valle del Cauca se ha sentido más cercana al Caribe que al propio Pacífico colombiano, compartiendo con Cuba ciertas similitudes claves para el arraigo de los sonidos afrocubanos en la región: negritudes viviendo el desarraigo de la esclavitud de la que difícilmente salieron tras un proceso largo y doloroso, la semiesclavitud posterior, el sincretismo, el olor a caña y la identificación que trajeron los cantos cubanos que expresaban una realidad similar a la que se vivía aquí.

Al igual que en Palenque, al Valle llegaron los cubanos con sus sones a trabajar en obras civiles e ingenios, abonando el terreno para el romance de sus habitantes con la clave del son. Incluso otras músicas del continente llegaron por el puerto, como el tango, música tradicional de Argentina que llegó a gustar mucho pero que luego fue perdiendo espacio ante la popularidad de la música afrocubana.

Desde entonces se empieza a tejer la red que ataría la salsa a Cali: el baile. Según el investigador Alejandro Ulloa (25), los ritmos de Cuba no representaban una barrera en la expresión dancística, lo que no sucedía con el tango. El baile terminó de sellar el vínculo entre Cali y la clave.


Esta es una competencia de baile en un barrio popular de Cali. Los barrios y este tipo de eventos impulsaron la definición del estilo de baile caleño e hicieron crecer la cultura salsera en la ciudad.

Para Ulloa, el proceso de urbanización en Cali fue una ficha importante en el porqué de la salsa en la capital vallecaucana. Su hipótesis pone sobre la mesa la simultaneidad entre la industrialización en Cali y la urbanización acelerada que experimentó la ciudad; tan solo en 25 años, de 19401 a 1965, Cali pasó de 100 mil habitantes a 650 mil, de los cuales solo el 45% habían nacido allí, hecho que se explica en el desplazamiento que empujó a tantos del campo a la ciuda en épocas de la violencia.

Ya para los años 70, Cali era la segunda ciudad con mayor crecimiento poblacional en Sudamérica. Es en los barrios donde la salsa encuentra vacíos que llenar para luego anclar y transformar la ciudad completamente; esa música de barrio latino en Nueva York llega a los barrios caleños con su corte rebelde e izquierdoso para hacer que el caleño se sienta identificado con letras que le cuentan de una lucha similar, la lucha por un lugar en el mundo.


Muchos caleños conectaron con temas como «Agúzate» de Richie Ray Y Bobby Cruz. Mientras otras corrientes musicales los protagonistas de las canciones tenían voz de víctima, la salsa representaba la voz del guerrero callejero sobreviviendo a su realidad.

Tras décadas de escuchar a las estrellas cubanas, entra a Cali la salsa neoyorquina con ese arrebato propio del caleño, pero no es hasta una Feria de Cali que la historia musical de la ciudad se parte en dos y la salsa se asienta para echar raíces: el concierto de Richie Ray y Bobby Cruz en 1968.

La historia de este concierto se encuentra narrada en ¡Qué viva la música! de Andrés Caicedo, el autor que puso en papel la fuerza del fenómeno salsero en Cali y con esto le entregó a la ciudad una identidad que tuvo en el limbo y que ya podía darse el derecho de asumir para apropiarse de ella.

Cali y la salsa ya son un matrimonio porque, sin importar de donde venga, la salsa hace parte de la idiosincrasia caleña y la prueba de esto es que Cali ha crecido cultural y económicamente en torno a la salsa con el estilo particular de bailarla que le regaló a Colombia, las 127 escuelas de baile que hay por toda la ciudad (26), el Mundial de Salsa, la Feria de Cali, la cantidad de bares y coleccionistas que tienen discos que ni los propios artistas recuerdan haber grabado y, por supuesto, con su estilo de vida cien por ciento salsero.

Los orígenes y expansiones de la salsa son tan diversos que parece ser que la salsa ya no tiene nacionalidad; esa línea parece haberse desdibujado en la medida que tantos músicos han nutrido todos estos sonidos con muchos otros. Así mismo es su baile, el cual se ha diversificado con el pasar de los años.

La salsa es multiculturalidad en sí misma y entenderla no como un género musical sino un como un cosmos, puede crear una conexión especial entre el receptor, el baile y la canción. La salsa despierta en nosotros la memoria genética que heredamos de nuestros cimarrones y es por eso que hemos nacido para gozarla y disfrutarla sin ninguna vergüenza.


El bailarín del estilo caleño vieja guardia, Carlos Paz, junto a Santiago Ayala en un duelo de solistas en el show cabaret «Delirio».

Fuentes:
Fernando España, disc-jockey, investigador y autor. (1) (12) (21)
Audio. 200 años del fin de la esclavitud. Diana Uribe. (2) (6)
De Aranzadi, I. Instrumentos musicales de las etnias de Guinea Ecuatorial. 2009. (3) (4)
Castellanos J., Castellanos, I. Cultura Afrocubana. 1988. (5)
Rondón, C.M., El libro de la salsa. 1979. (7) (8)
Steward, S. Salsa: Musical heartbeat of Latin America. 1999. (9)
Robert Téllez, investigador y autor del libro Ray Barreto: fuerza gigante. (10) (11) (16) (17) (18) (19) (20)
Fernando España. De Palenque al parque. 2010. (13)
Banco de la República, Francisco José Cisneros. (14)
Revista Dinero. Azúcar, industria de gran empuje. 2004. (15)
Documental. Amparo Arrebato. 1989. (22)
Documental. Los hijos de Benkos. 2010. (23)
Documental. Los reyes criollos de la champeta. 1997. (24)
Ulloa, A., La salsa en Cali: Cultura urbana, música y medios de comunicación. 1988. (25)
Secretaría de Cultura de Cali. (26)
Centro de Invetigación de la Caña de Azúcar en Colombia (Cenicaña) (27)

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