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Las Amantes de la Salsa

Por Carmen Mandinga para Salsa sin Miseria

Autor: Afronautas/sábado, 24 de marzo de 2018/Categorías: Notimúsica

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Por Carmen Mandinga en Salsa sin Miseria

Recientemente estuve en un conversatorio con Yuri Buenaventura en el que decía que la música nos elige y ella misma nos dice en calidad de qué nos elige. Algunos son llamados a ser músicos, otros a ser bailadores, o productores… En todo caso, somos muchos los que otorgamos a la música el poder de llenar nuestras vidas y nos aproximamos a ella por diferentes caminos. En esta ocasión me puse a la tarea de relatar cómo ha sido este llamado para mí y otras mujeres que lo escuchamos día a día.

A mí me gusta la salsa porque sí, porque desde niña me emocionaba escuchando los tumbaos, los coros y los pregones. Me aprendí de memoria todas las canciones de la colección de mis papás, que también incluía tangos, boleros y pop. Pero es que la salsa era lo mío, siempre lo fue. Y yo me lo negué, me sentí avergonzada cuando en el colegio clase media de la Medellín de los noventa me dijeron que esa música era de «sicarios», o «valijas» o «chirretes», pero el llamado del ritmo fue más fuerte que el afán adolescente de quedar bien con los compañeritos.

Es una historia similar a la de mi amiga Soraya Dueñas, a quien su papá le inculcó el amor por la música desde muy pequeña, mostrándole un camino que ella más tarde seguiría por su cuenta: «Cuando apenas pretendía afirmar mi identidad, en una época donde el rock en inglés y en español transitaba las calles y vivíamos en pleno la guerra del narcotráfico, yo era aquella joven irreverente, quien escuchaba esa musiquita de malandros o pillos, (como les llamamos a los delincuentes) ya que esta música no era muy bien vista por mucha gente en mi ciudad».

A diferencia de Soraya, yo no conté con un mentor musical, aunque aprovecho la oportunidad para agradecer a mis papás los cassettes de la Fania All Stars y las lecciones de piano que no seguí tomando por falta de disciplina, pero veo estos estímulos más como gestos de apoyo a un entusiasmo que su hija ya había puesto en evidencia. Y en este aspecto me siento identificada con Claudina Penagos, quien afirma que nació salsera: «Desde siempre me gustó la rumba, el alboroto, el bochinche y las amistades… Porque la salsa es eso: rumba y alboroto». Si bien ella también compartió este gusto con su hermano, tenemos en común un sentimiento de haber nacido con «la melodía» por dentro, y de haber encontrado gracias a ella otras personas con las cuales compartir esta pasión.

Como habrán notado, mi historia de amor con la salsa fue algo solitaria. Cuando empecé a bajar música por el Ares y el Soulseek, no tenía amigas con las cuales compartirla; cuando incursioné en el coleccionismo de discos con mis primeras quincenas, no veía otras muchachas en las tiendas; y cuando iba a conciertos compartía con algunas que estaban acompañando a sus amigos o novios, pero durante mucho tiempo tuve en común esta afición con muchos más hombres que mujeres.

Admito que en ese entonces me sentía de alguna forma especial, otras veces como un bicho raro también, pero se me hacía evidente que estos círculos de los «melómanos» eran principalmente masculinos. En la actualidad vivo en Bogotá, donde he encontrado muchos puntos en común y unas cuantas diferencias con el ambiente musical de mi ciudad natal, pero considero que los relatos de mis amigas y el mío pueden ayudar a construir una idea de lo que está pasando con las mujeres en los círculos salseros de Colombia.

¿Es diferente para nosotras?

En mi caso sí lo fue. Quizá por haber empezado a escuchar y averiguar sobre esta música desde tan joven, me encontré con algunas personas que, a veces con curiosidad y a veces con actitud paternalista, buscaban «enseñarme» o descrestarme con sus colecciones de discos, o con datos rigurosos sobre álbumes, sellos y artistas. También intercambié con algunos que no me consideraron su interlocutora hasta que yo demostrara que tenía conocimiento que intercambiar, entonces adopté ese mismo código según el cual los datos eran el soporte del gusto, buscando ganarme su respeto al demostrar que «sabía mucho».

Y efectivamente me gané su respeto, más adelante su amistad en muchos casos, pero ahora que lo veo en retrospectiva, siento que la predominancia de hombres en estos espacios se pudo dar porque a muchas mujeres nos desanima o nos genera algo de inseguridad esa aura de rigurosidad con la que algunos melómanos han envestido a la salsa, muchas veces más enfocados en la sapiencia que en el disfrute; y también porque se nos han mostrado a nuestras congéneres principalmente como bailadoras, esporádicamente como cantantes, y difícilmente como intérpretes y creadoras, en un ámbito en el que los hombres eran los que creaban, interpretaban y estudiaban la música.

Es probablemente por esta razón que algunas de las salseras a las que interrogué me respondieron con la premisa de que su interés era más el de disfrutar y bailar que el de conocer y coleccionar, reafirmando esta dicotomía entre conocedor y bailador de la que hablo. Para mi prima Estela Gómez Builes ha sido un recorrido muy satisfactorio. Ella que vivió su juventud en República Dominicana, donde estuvo en contacto con los grandes artistas de los años setenta y ochenta, afirma que desde entonces la salsa es su vida y que le ha permitido compartir con círculos de personas muy diversas gracias a los foros y los grupos de internet en los que se siente muy apreciada y respetada.

La historia de mi prima es muy similar a la de mi amiga Amparo Gaviria, quien tuvo mucho contacto con la salsa durante un periodo de su juventud que vivió en Cali y desde entonces no ha dejado de gozarla y bailarla. Para Amparo lo primordial es vivir la salsa y disfrutarla; si bien ha sido invitada a conversatorios y encuentros, en los que afirma ver cada vez más presencia femenina, lo que ella realmente prefiere es que haya buena música y gente dispuesta a bailar y a disfrutar.

¿Esto está cambiando?

Todas parecemos estar de acuerdo en que los círculos salseros están viendo crecer la participación de las mujeres, y en que este cambio está siendo bien recibido. Para mi amiga Laura Sofía, quien participa frecuentemente de reuniones de coleccionistas, sigue siendo necesario que nosotras avancemos en la búsqueda de nuestros propios gustos sin vernos influidas por unos cánones estéticos instaurados por los hombres. La salsa, como tantas cosas, está atravesada por unos parámetros de buen y mal gusto a los que nos ceñimos en muchas ocasiones para obtener aprobación; sin embargo, considero que hombres y mujeres deberíamos gozar de la libertad de establecer nuestro propio gusto y estilo tanto en la música como en la vida sin que esto conlleve a discordancias.

En conclusión, a las mujeres no nos gusta la música más o menos que a los hombres, pero sí creo que hasta el momento nos hemos visto motivadas a participar en ella de una manera distinta, en parte por la falta de referentes femeninos que anteriormente mencioné, quizá también porque la pista de baile estuvo abierta para nosotras antes que los escenarios o las discusiones teóricas. Pero ya estamos viendo que nuestro acercamiento al mundo musical se puede dar por diferentes vías: como Amparo y Estela que son bailadoras, como Claudina y Laura Sofía que son coleccionistas, o como Soraya que es investigadora; y todas estas aproximaciones son igualmente valiosas en la medida en que sean un aporte en la configuración de nuestra identidad y nos hagan sentir estimuladas y satisfechas.

Considero también que la tecnología está desempeñando un papel clave en esta reconfiguración del mundo de la melomanía, y por «melomanía» me refiero al amor por la música en general (no sólo la salsa), pues nos está dando la oportunidad de descubrir sonidos nuevos, nos brinda acceso a datos y conocimiento que antes eran muy difíciles de obtener; nos permite también generar conocimiento a través de los foros y blogs en los que hallamos nuevos relatos, e incluso abre canales para que sean los mismos músicos los que lleguen a nosotros y nos compartan sus contenidos y sus obras. Estamos confirmando que la salsa está hecha de valores tan universales como el amor, la alegría y la resistencia, cosas que no pueden hacer otra cosa más que unirnos.

Finalmente quiero hacer un llamado a todos los que orbitamos alrededor de la música para que aprovechemos este momento de apertura, compartamos nuestro saber y estimulemos su difusión, convoquemos a los conciertos y eventos, brindemos más reconocimiento a los músicos que están produciendo esas piezas que mañana nos traerán nuevos momentos de disfrute. La salsa, la principal razón de nuestro encuentro y nuestra alegría, se mantendrá viva mientras la apreciemos, la compartamos y apoyemos a sus creadores.

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