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Una historia desde los orígenes del tiempo

El Big Bang de la Chalupa Intergaláctica RetroSabor XXI

Autor: Latina stereo/viernes, 6 de febrero de 2015/Categorías: Uncategorized

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En 2010, cuando atendía la invitación, una tarde de jueves, de mi amigo Joaquín Builes a una sesión de música y cerveza en los estudios de Latina Stereo para conocer a uno de sus conocidos que venía de París con un cargamento de discos y mp3, algunos nuevitos para nosotros y otros no, pero en su mayoría castigados por el olvido histórico y comercial, tuve un éxtasis músical, una epifanía sandunguera, acaso algo exacerbada por las 6 u 8 cervezas que se alojaban en mí cuerpo a esa hora. No dude, en aquel sopor espumoso en proponerles a Kako y a Oscar, nuestro nuevo amigo la aventura de un programa de radio. Kako me dijo que sí con algo de desconfianza pero con una certidumbre vaga que se quedó flotando en mis cerebro.

Estuvimos esculcando un disco duro del que nacían sabrosas melodías de latin soul, boogaloo, ska y ritmos cubanos viejos y modernos, rarezas y otras no tanto, que si bien cabían en aquel disco duro, rebasaban un poco, o un mucho, los límites de la programación salsera clásica de la emisora en mención. No se habló más del tema, se sucedieron canción tras canción y cerveza tras cerveza en una habladera de carreta, de esa que enriquece las horas de ocio y fortalece las amistades.

Colecciono música desde niño. A los 6 o 7 años, con una vieja grabadora pioneer y la vetusta radiola de mis padres, grababa mis cassettes, pirateando dirán los defensores de las leyes anti-copia, ya desde esos tiempos, la novedosa, para mí, programación de la Emisora El Poblado, que sonaba en el extremo derecho del dial en a.m. Sería un despropósito exigirle a mi memoria recordar la frecuencia de esas transmisiones. Pasé luego a los cassetes piratas que se vendían en las calles de pueblos y ciudades de nuestro sufrido paísito y lo alternaba con los acetatos cuando la ración que me daba mi abuelo alcanzaba para tales fines. En esos tiempos la oferta musical, realmente era pésima, aunque la producción a nivel mundial, como ahora, no paraba. De cualquier manera, me hice a muchas joyitas que conservo y que me hacen brotar una lágrima de vez en cuando, al desempolvar mi colección de discos. No tenía mi gusto musical muy radicalizado: bandas sonoras de películas, música disco, algo de funk y soul, lo que había a mi alcance, una que otra cumbia, en fin. Por allá en los 80, me picó en Bogotá el mosquito del merengue dominicano y pronto, por fortuna, desemboqué en la salsa clásica, que para esos años ya perdía protagonismo frente a los lances que su tocaya romántica hacía con el beneplácito de mercachifles oportunistas que casi la mandan a dormir al barrio de los acostados. Por esas coordenadas, seguí alimentando esta enfermedad del coleccionismo musical accediendo ya a la oferta de discos venezolanos, gringos y hasta cubanos que los vendedores de caja de cartón o caseta-librería ofrecían en el centro de Bogotá.

En el 85 regresé a mi ciudad natal, conocí a los vendedores de acetatos en el pasaje La Bastilla y escuché las primeras emisiones de prueba de Latinastereo, el sonido de las palmeras, que duraron, excepcionalmente, más de un año. Ahí me afinqué en la salsa y todos sus géneros por la que es nutrida. Me prometí, hace más de 25 años, que sería parte de esa familia, no desde la orilla del oyente de radio, sino desde la sede, desde adentro, promesa que me cumplí en el año 2005.

Ya para esa época, 2005, mis gusto musical me había llevado a ser el lider vocal de Sonora 8, y las portabilidad del mp3, la web, los blogs, los quemadores de CDs me habían permitido engrosar mi colección en una progresión geométrica que me hizo entender esta pasión como enfermedad. Pero no me he hecho operar, no me he vacunado, ni pienso hacerlo. Antes bien, el acceso tan amplio a la música del mundo me hizo entender que la audiencia promedio consumidora de música, ya sea para escuchar o para bailar, solo puede oir, digamos aventurando un porcentaje ¿el 10%? No se, pero es muy poca la música que se promueve comercialmente, y eso deja por fuera de la movida no solo a la audiencia sino también a los músicos.

Despues de insistir y persistir durante 2 años, logramos grabar un piloto, que no fue el mejor pero nos dejó como legado una frase que sigue siendo la que nos define: Un viaje musical más allá de las orillas de las músicas afrocaribeñas. Un viaje a bordo de la Chalupa Intergaláctica RetroSabor XXI, nuestra nave del sabor. Un viaje que nos lleva por destinos tan alejados geográficamente entre si como Tokio de La Habana o Sidney de Nueva York, pero que comparten el ser origen de artistas y agrupaciones que le han dado un espaldarazo a los ritmos afrocaribeños con ingredientes regionales o personales en el pasado, el presente y el futuro de la música de baile. Ritmos como la cumbia, el boogaloo, el afro beat, la salsa hecha en Holanda, en Sudafrica, en España, que se yo, se retroalimentan de lo viejo y lo nuevo y nos ofrecen sonoridades exóticas que inspiran el baile y el goce, no solo del cuerpo sino también del alma. Desde los años cuarenta los ritmos afrocubanos se han ido calando en el gusto de la audiencia mundial, el Afrocuban Jazz abrió las puertas a ese mestizaje con las culturas del mundo que llevaba siglos cocinándose en Las Antillas, con ingredientes aborígenes, africanos y españoles. La salsa consolidó esta hibridación, tomando elementos del soul y de las diversas culturas americanas, incluso el hip hop tiene una deuda alta con el mambo. Afronautas quiere mostrar esto. la persistencia de todos estos ingedientes en producciones de ayer y de hoy, que rebosan originalidad, autenticidad, pero sobre todo mucha sabrosura, para darle gusto a los oídos y al cuerpo, para bailar y para escuchar, para vivir, en compañia de aboganster y severina, quienes conducen la nave que controla satélite, nuestro ingeniero de vuelo.

No es mucho lo que puedo decirles en seis minutos cuarenta, las grabaciones de la segunda temporada están casi listas y esperamos que antes de abril inicie este periplo en 10 episodios. Por ahora les anticipo que lo que les quedé debiendo en la pantalla se los voy a pagar en melodía, enseguida, en el intermedio que vamos a tener en esta Pecha Kucha Niight.
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