Benny Moré: más que músico, hombre de pueblo
Por: Justo González Ortega
Fuente: www.ain.cu
"Vamos a almorzar al hotel canuto", decía Benny al mediodía, y la turba infantil lo seguía al cañaveral donde mitigaban el hambre, después de una mañana cazando tomeguines.
Quizás el canto de las aves en la guardarraya y el sonido del tambor tocado por los negros del Casino Congo de Santa Isabel de las Lajas, en la pasada década del 20, fueron el primer contacto de Bartolomé Maximiliano Moré con la música.
El primogénito de los 18 hijos de Virginia Moré, conocido después como el Bárbaro del Ritmo, poseía un oído musical nato, personalidad de hombre de pueblo y una elevada solidaridad humana, rasgos con los que se convirtió en el más grande de los músicos populares cubanos.
Su creación artística trasciende en más de 15 libros, de autores procedentes de varios países como Colombia, Panamá, Estados Unidos y la propia Cuba.
Benny, al morir el 19 de febrero de 1963, dejó unas 300 grabaciones con la compañía disquera RCA Víctor, y en el recuerdo de los amantes de la música, gran cantidad de boleros, varios sones montunos y mambos, entre los que se encuentran temas como "Oh vida", "Cómo fue", "Hoy como ayer" y otros aún famosos.
Junto a su voz melodiosa trascendió su personalidad de gente de pueblo, conocida en anécdotas que lo singularizan como cubano nato.
Su fama y talento no lo cegaron como a otros quienes abandonaron la patria después del triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, y permaneció al lado de su pueblo.
Cuentan que una mañana llegó a la vivienda de Benny un desconocido de la familia; aunque el cantante dormía después de una presentación por la madrugada, lo recibió. El visitante le dijo, "Soy del interior del país y gran admirador suyo, estoy en La Habana con mi esposa enferma, pero no tengo un centavo, vengó a pedirle ayuda".
La esposa del sonero lo alertó sobre una posible estafa, pero el popular músico preguntó por el dinero existente en la casa y entregó los únicos 100 pesos que tenían.
Rafael Lay, director de la orquesta Aragón, significó alguna vez:
"Es el hombre que nos salvó la comida. Cuando llegué a la capital buscando presentaciones, otras bandas establecidas allí le solicitaron al Benny impedírmelo, pero este lo consideró una injusticia y exigió nuestra actuación en sus actividades".
Ya consagrado, en varias naciones de América Latina, el genial compositor e intérprete compartía con los lugareños, quienes pasadas más de cuatro décadas de su desaparición física, peregrinan en febrero y agosto, hasta la lápida, sitio de descanso de los restos del querido baldo lajero, donde reza "Lajas mi rincón querido pueblo donde yo nací."
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